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Se hizo la oración por los fallecidos en el mar
La imagen de Jesús de Medinaceli de la Cofradía cuya residencia está en la porteña parroquia de Santa María del mar recorrió en la mañana de este Vienes Santo las calles y plazas de la ciudad, pasando por lugares muy concretos como hospitales, cárceles y cementerios.
La Cofradía pertenece a las que desfilan en la populosa Semana Santa Marinera de Valencia, cuyo peso recae en los poblados marítimos, gentes de la mar, que como todas las que la integran no ha podido realizar ningún acto externo de los que tiene por costumbre.
Este segundo año sin procesiones idearon llevar por la ciudad en día tan señalado su imagen a bordo del vehículo –el maremóvil- con que se traslada la imagen de la Virgen de los Desamparados a los pueblos y barriadas.
El recorrido ha terminado a las dos y media de la tarde en la Real Basílica de la Virgen donde ambas imágenes se han encontrado. En la puerta al pie del templo esperaban la llegada de la visita de Jesús de Medinaceli el cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, y el rector de la Real Capilla, Jaime Sancho. El prelado ha saludado y dirigido una oración ante ellas.
Oración por los fallecidos en el mar
Por otra parte, la Cofradía del Cristo del Salvador, de la barriada del Cabanyal, ha tenido al amanecer de este Viernes, su tradicional acto, pero sin poder llevar la popular imagen, debido a las restricciones, pero su Cofradía le ha echado arrestos –en palabras del experto en tradiciones Miguel Angel Bustos, y ha cumplido, sólo que con las limitaciones impuestas.
Media hora duró en el amanecer del Viernes Santo la Oración por los fallecidos en el mar que tradicionalmente organiza todos los años la Hermandad del Cristo del Salvador de la Parroquia de Nuestra Señora de los Angeles de El Cabanyal, acto al que todos los años concurre multitud de personas.
Este año, como el pasado, la pandemia y sus normas restrictivas han reducido a su mínima expresión la sobria y emotiva celebración. Poco más de un centenar, todos ellos de la Hermandad, acudieron a la playa de El Cabanyal, todos de negro, ropa informal, con el párroco de los Angeles, quien dirigió la oración, acompañada de un Padre Nuestro y una Ave María.
El párroco, Prior de la Hermandad, y el Hermano Mayor, insistieorn mucho en que se guarara las medidas y distancias de seguridad en una hora donde prácticamente no había gente en la playa, sólo el personal de limpieza y algunos curiosos que gustan de ver el amanecer en aquel lugar.
Una joven, en nombre de la Hermandad, lanzó al mar una corona de laurel, con que se cerró el acto. Ni siquiera el Hermano Mayor permitió que los congregados se hicieran una foto de familia de todo el grupo, en su inmensa mayoría gente muy joven. Lo que comenzó a las 8.10 de la mañana había terminado a las 8.40 y vuelta a la Parroquia.
No estuvo presente la popular imagen el Cristo del Salvador, patrón de El Cabanyal, el Christus Mediaticus, que tanta gente arrastra siempre en su procesionar por las calles de su poblado. Ni siquiera llevaron al Cristet, la imagen pequeña pergrina del Cristo que es llevada a los domicilios que lo solicitan durante el año. Su imagen pendía de los cordones que llevaban al cuello sus componentes.
No hubo trajes, ni guiones, ni banderas, ni banda de trompetas, todo fue muy discreto, como si se tuviera temor o reparo en molestar, o a infringir la normativa restrictiva pandémica, cuando horas después la playa se llenó de gente para tomar el sol, bañarse, jugar y pasar el día junto al mar. Fue un acto silencioso, acariciado por el sol naciente de Viernes Santo, despejado en ese momento con alguna nube que velaba el luto de la jornada arrebatada también por el coronavirus, que nos ha desmontado todo a todos.
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