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Oremos por todos los sacerdotes, célibes y casados (Domingo 27º C TO 05.10.2025)
La confesión individual e íntegra al sacerdote impide a muchos celebrar este sacramento
Estos días he leído la pastoral del sacramento de la Penitencia una parroquia, en un barrio moderno, en la comunidad de Madrid. En la página Web de la Parroquia San Isidro Labrador (parroquiasanisidroleganes.es) presentan la parroquia y sus actividades. Aparecen: Bienvenido. Colabora económicamente con tu Parroquia. La Parroquia. Sacramentos. Contacto. Horario.
Selecciono “Sacramentos”: “Los siete sacramentos de la Iglesia” (texto del Catecismo de la Iglesia Católica 1210-1211). “Bautismo. Confirmación. La Confesión. Comunión. El Sacramento del Orden Sacerdotal. La Unción de Enfermos. El Matrimonio”.
Nótese: A la Penitencia la dicen “La Confesión”. Parte por el todo: lo central es la “confesión”. Y no es verdad. Su centro es la conversión y el Amor del Padre.
Selecciono “La Confesión”. Aparecen tres apartados:
- La Confesión: “Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen de la misericordia de Dios el perdón de los pecados cometidos contra El y, al mismo tiempo, se reconcilian con la Iglesia, a la que ofendieron con sus pecados. Ella les mueve a conversión con su amor, su ejemplo y sus oraciones” (LG 11).
- Las Confesiones en nuestra parroquia: “En nuestra parroquia podrás confesarte habitualmente todos los días desde media hora antes de la celebración de la Santa Misa y durante la Santa Misa del Domingo” … A lo largo del año se celebran actos de celebración comunitaria de la penitencia con confesión y absolución individual…”.
Es de sentido común que superponer la celebración de dos sacramentos disminuye a ambos. Por algo, la Sagrada Congregación de Ritos, ya en 1967, dijo: “Incúlquese en los fieles la costumbre de acudir al sacramento de la penitencia en tiempo distinto al de la celebración de la misa, de tal manera que su administración se haga con tranquilidad y con verdadera utilidad de los mismos. Así no serán impedidos de la participación activa en la misa” (“Eucharisticum mysterium”, nº 35).
- Información sobre la Confesión: “en la actualidad, a menudo por falta de formación y de reflexión, parece que se ha perdido la conciencia de «pecar»” … “La Iglesia recomienda vivamente la práctica de la confesión frecuente”.
“Para confesamos bien son necesarias cinco cosas: examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia”. Se añada una justificación teológica, hoy trasnochada: “No debemos olvidar nunca que nuestro Señor Jesucristo, de manera voluntaria y por amor hacia nosotros, con su pasión y muerte en la cruz, pagó por todos nuestros pecados para que pudiésemos alcanzar la gloria y la vida eterna. No hagamos inútil su sacrificio”.
Jesús, con su vida, pasión, muerte y resurrección, nos reveló el Amor de Dios, su perdón gratuito, siempre que volvemos arrepentidos a su casa (hijo pródigo). No tuvo que comprar a ningún “Dios”, comerciante y sádico, el perdón para nosotros.
El examen de conciencia es “recordar los pecados cometidos de pensamiento, palabra, obra, o por omisión, con plena advertencia y pleno consentimiento, contra los mandamientos de la ley de Dios o de la Iglesia, así como la caída en alguno de los pecados capitales. Todo desde la última confesión bien hecha”.
Ofrecen un esquema del examen de conciencia, difícil de aprobar. Sobre los Mandamientos y los siete Pecados capitales, hay que contestar 183 preguntas. Además, el examen específico para los niños: 27 preguntas; los jóvenes 38; los adultos 43. ¿Cuánto tiempo se necesita para prepararse y rendir cuenta de tan prolijo examen?
Termina la información sobre “el Sacramento de la Confesión” con gran parte del artículo 4 sobre “El sacramento de la Penitencia y de la Reconciliación”, del Catecismo de la Iglesia Católica: desde el nº 1440 hasta el 1460; seis páginas textuales.
Al final se concluye con esta indicación: “Si todavía tienes alguna duda sobre alguno de estos puntos pásate por la parroquia”.
No creo que esta deba ser la pastoral de la Penitencia. Está centrada en la ley, no en el Evangelio ni en la práctica de Jesús con los pecadores. Jesús no reconocería su modo de convertir y perdonar en estos “exámenes” tan pormenorizados. Jesús mira al corazón: ¿estoy “vertido" hacia su Amor: confianza en el Padre y servicio a los hermanos? Con un texto del evangelio, puede mirarse la vida, y, enseguida aparecen actitudes contrarias al Amor, y hechos graves contrarios al Amor. La actitud pastoral de Jesús respecto de la Reconciliación está retratada en las parábolas de la misericordia: la oveja perdida, la moneda perdida, el hijo pródigo (Lc 15). Esta debe ser la norma de actuación pastoral.
Como ejemplo, transcribo las preguntas sobre el mandamiento 1º de la ley de Dios:
Animo a leer, aunque sólo sea una vez, las demás preguntas. Todas siguen el mismo tenor clerical, que imagina pecados por todos lados. Los niños tendrán que contestar: 210 preguntas (183+27). Los jóvenes: 221 (183+38). Los adultos: 226 (183+43). Viene a la memoria la actitud de Jesús con los observantes legales, fariseos y letrados: “¡Ay de vosotros, maestros de la ley, que cargáis a los hombres cargas insoportables, mientras vosotros no tocáis las cargas ni con uno de vuestros dedos!” (Lc 11,46”. “Lían fardos pesados y se los cargan a la gente en los hombros” (Mt 23,4). “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera” (Mt 11,28-30).
rufo.gohotmail.com
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