¡Qué hermoso lema: “reaviva el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos”!
Oremos por todos los sacerdotes, célibes y casados (Domingo 27º C TO 05.10.2025)
Comentario: “que os reconciliéis con Dios” (2 Cor 5,20-6,2)
Dios (el Bien) estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo (con el Bien)
Pablo, en la primera parte de 2ªCorintios (1,12-7,16), reflexiona sobre el ministerio apostólico. Reconoce que su ministerio no es un negocio alrededor de la palabra de Dios. Es fruto de “la sinceridad en Cristo, de parte de Dios y delante de Dios” (2,17). La capacidad ministerial “nos viene de Dios, el cual nos capacitó para ser ministros de una nueva alianza, no de la letra, sino del Espíritu; pues la letra, mata, mientras que el Espíritu da vida” (3, 6). “Si alguno está en Cristo es una criatura nueva... Todo procede de Dios que nos reconcilió consigo por medio Cristo, y nos encargó el ministerio de la reconciliación.. Dios mismo estaba en Cristo reconciliando al mundo consigo, sin pedirle cuenta de sus pecados, y ha puesto en nosotros el mensaje de la reconciliación” (5, 17-19).
“Actuamos como enviados de Cristo”
El cristiano es un reconciliado con la Bondad-Amor, manifestado en Cristo. Por eso actuamos “como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios” (v. 20). El cristiano verdadero está reconciliado y es reconciliador con el Bien. Está invitado a decir lo que decía Jesús: “convertíos y creed el Evangelio” (Mc 1,15). Supone fiarse del Evangelio de Jesús. Esta es la clave: creer a Jesús, fiarnos de su amor, reflejo del amor del Padre. A Dios nadie le ha visto nunca: un Hijo único, Dios, el que está en el regazo del Padre, ése lo reveló (Jn 1,18).
La reconciliación con Dios en Cristo
Pablo lo explica con la imagen de los sacrificios expiatorios (Lv 4). Interpreta la vida de Jesús como sacrificio de expiación por nuestros pecados. Hoy se explica mejor como revelación del Amor. Dios aparece como Padre que nos ama de antemano e incondicionalmente. Dios no es “enemigo”, “castigador”, “vigilante”, “vengativo”, “anotador de las ofensas” (el amor no anota lo malo en la cuenta –1Cor 13, 5-), etc. En Jesús, Dios se ha unido a la humanidad pecadora, se ha hecho “uno de tantos”. En medio de la tentación, el pecado personal y “social”, Jesús vivió en su carne y en la de sus semejantes las secuelas del mal voluntario y de la limitación humana. Así puede decirse que “al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro, para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él” (v. 21). También en Gálatas (3,13) dice: “Cristo nos ha rescatado de la maldición de la ley haciéndose por nosotros maldición”. Jesús, pues, nos ha traído “la justicia de Dios”, nos ha revelado su amor sin límites. Quienes creen a Jesús sienten que Dio les perdona, les ama y desea sólo su felicidad. Se sienten así unidos, aliados, con Dios en su Espíritu que les habita, les da la conciencia de hijos, les capacita para amar como él.
La cuaresma, oportunidad para recuperar el Amor primero
“Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice: `En el tiempo favorable te escuché, en el día de la salvación te ayudé´. Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación” (6, 1-2). Si nos reconciliamos con Dios (si aceptamos el Amor, la Bondad), estamos en paz con Dios, según nos ha revelado Jesús. La cuaresma es una oportunidad para encontrarnos con “la gracia” del Padre, manifestada en Jesús de Nazaret.
Oración: “que os reconciliéis con Dios” (2 Cor 5,20-6,2)
Jesús revelador del Amor, del Bien, al que llamabas “Padre”:
un año más vuelve la cuaresma;
nueva ocasión para repensar nuestra vida a la luz del Bien;
nuevo encuentro contigo, Jesús, testigo del mismo Amor;
nuevo reabrir de nuestro espíritu a las llamadas del Bien;
nuevo escuchar las demandas de los más débiles.
Hoy, miércoles de ceniza, hemos sido convocados:
a apuntarnos al grupo que quiere vivir de tu Espíritu;
a reconocer nuestra debilidad: física, moral, espiritual, fraternal...;
a clarificar nuestras opciones fundamentales de vida.
Toda la Iglesia, concretada en sus diversas comunidades:
somos invitados a una “revisión de vida”;
necesitamos, Jesús de todos, tu mirada:
a las personas que conviven con nosotros;
a situaciones de “tristeza y de gozo, de angustia y de esperanza”...;
a las preguntas por las causas y consecuencias del mal;
a la vida de quienes “no cuentan y apenas son”...
Necesitamos, Jesús, la mirada del Padre y del Espíritu:
mirada reconciliadora con todo ser humano;
mirada que a todos ama, respeta, invita a vivir en el Amor;
mirada que fue tuya: “quien me ha visto a mí ha visto al Padre” (Jn14, 9);
Así nos lo proclama Pablo:
“nosotros actuamos como enviados de Cristo,
y es como si Dios mismo exhortara por medio de nosotros.
En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios” (v. 20).
“al que no conocía el pecado, lo hizo pecado en favor nuestro,
para que nosotros llegáramos a ser justicia de Dios en él” (v. 21).
“Y como cooperadores suyos,
os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios.
Pues dice: `En el tiempo favorable te escuché,
en el día de la salvación te ayudé´.
Pues mirad: ahora es el tiempo favorable,
ahora es el día de la salvación” (6, 1-2).
Queremos, Jesús, reconciliarnos con tu Dios:
“el que estaba reconciliando el mundo consigo en Ti, Cristo;
no anotándoles sus ofensas
y confiándonos el mensaje de la reconciliación” (2Cor 5, 19);
no con el dios imaginado por nosotros:
“enemigo”, “castigador”, “vengativo”, “anotador de las ofensas”...;
sino con tu Dios, Jesús de Nazaret, tu Misterio,
“a quien nadie ha visto jamás;
a quien tú, Hijo único, Dios, has dado a conocer” (Jn 1, 18);
quien, por medio tuyo, “me amó y se entregó por mí” (Gál 2,20);
el que “es Amor... y, por ello, nos amó primero...” (1Jn 4,7ss) ;
el que está a favor nuestro, con nosotros, en nosotros (Rm 8,31);
el que te ha hecho esposo de la humanidad (Mc 1,7; Lc 3, 16);
el que nos envía el Espíritu de su Hijo para gritar: ¡Padre-Madre! (Gál 4,6);
a quien sólo conocemos amando a los hermanos (1Jn 4, 8.20).
Hoy queremos apropiarnos las palabras de Pablo:
“os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios.
ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de la salvación” (6, 1-2);
nuestra libertad quiere decir sí al amor del Padre, Jesús hermano;
que tu Espíritu mueva nuestro espíritu;
que nos sostenga en esta “revisión de vida”, la cuaresma;
que nos haga llegar a tu resurrección, Amor pleno.
Rufo González
Leganés, marzo 2019
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