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La exposición del artista madrileño ofrece "una visión espiritual del paisaje"
(Lucía López Alonso, en Alfa y Omega).- El artista madrileño Ikella Alonso ha presentado en el Espacio O_LUMEN de Madrid una exposición planteada para homenajear la pintura desde la pintura. En El vuelo de Ícaro. Una visión espiritual del paisaje, que podrá visitarse hasta el 20 de octubre, el autor construye una cartografía sorprendente, a la vez poética y didáctica, dedicando cada obra del montaje a un gran maestro de la historia del arte occidental. Desde el dominico Fra Angelico a Frida Kahlo, de El Greco a Tarsila do Amaral. Indagando, por ejemplo, en el modo de contemplar de Cèzanne, que dedicó prácticamente toda su pintura a representar la geografía de la Provenza. O el de Hopper, que plasmó el paisaje de la sociedad moderna ame-ricana, repleto de soledades.
El vuelo de Ícaro captura en Google Earth el lugar de nacimiento de cada pintor y a través de cotas y escala lo lleva al lienzo, donde lo interviene. «Me surge una imagen donde me veo literalmente encima de un 2x2, descalzo. Dibujando el mapa primero, y luego dándole pintura», explica Ikella. Unas veces depurará y otras remarcará las líneas del mapa. Unas veces ampliará y otras reducirá las dimensiones del soporte... Hasta ofrecer al espectador, en cada cuadro, la conexión de la mirada del artista, su cadencia, su paleta, los formatos que manejó... con las formas de su tierra de procedencia.
En nuestro mundo globalizado de hoy nos movemos, paradójicamente, tan anestesiados por las pantallas que ni nos preocupamos del globo ni nos fijamos en el paisaje que nos rodea. Entonces Ikella nos reta a pararnos, tomar la perspectiva de Ícaro (la vista de satélite) y mirar. Y así encontrarnos con la geometría de los campos sobre el plano; el medio físico transformado en los trazos de esta exposición. "Ícaro significa el triunfo de la libertad", dice el autor, que lleva más de 25 años cultivando su pintura.
"Cuando vemos el paisaje desde un punto tan alto, recuperamos la convicción en la igualdad de todos; no se aprecian las fronteras"
La obra de Ikella es cálida, por la presencia de texturas y colores, y poliédrica, porque abarca a la vez el mapa y la pintura de los maestros seleccionados, para llevarlos a su propio lenguaje, de artista que se nutre de los que le precedieron. Además, esconde una lección social: cuando vemos el paisaje desde un punto tan alto, recuperamos la convicción en la igualdad de todos; no se aprecian las fronteras.
También se encuentra en esta muestra, dentro del templo que O_LUMEN ha transformado en espacio expositivo, una faceta espiritual. La de la perseverancia del pintor que ha hallado en su pintura –como en su tierra– su paz y su propio camino. Una forma de ser y de «pertenecer». Igual que cuando Gloria Fuertes escribió aquello de «Soy de Castilla y tengo / un cardo por el alma, / pero quiero tener un olivo en la voz».
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