Ten fe en la oración y sé generoso.
19 de Octubre: XXIX Domingo del Tiempo Ordinario
Espera y confía.
“Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida.
Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor” (Sal 26, 13-14).
La esperanza no se sostiene por esfuerzo, la espera al Señor requiere amor, como quienes están invitados a bodas. Es verdad que puede tardar la experiencia consoladora del paso del Señor, pero es tiempo de permanecer valiente y con ánimo. Dice el profeta: “Pronto, muy pronto, el Líbano se convertirá en vergel, y el vergel parecerá un bosque” (Is 29, 17). La espera confiada requiere la fe, y cuando se es creyente se llega a leer todo lo que acontece como designio providente de Dios. Jesús les dice a los ciegos: “Que os suceda conforme a vuestra fe” (Mt 9, 29).
El labrador espera paciente que la semilla germine, crezca, se sazone y llegue el momento de la siega y de la cosecha. Escribe san Pedro: “Mas no olvidéis una cosa, queridos míos, que para el Señor un día es como mil años y mil años como un día. El Señor no retrasa su promesa, como piensan algunos, sino que tiene paciencia con vosotros, porque no quiere que nadie se pierda sino que todos accedan a la conversión” (2Pe 2, 8-9).
Espera el que no desconfía, el que cree y quien ama. Espera el que tiene puestos los ojos en el Señor. “Hermanos, esperad con paciencia hasta la venida del Señor. Mirad: el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía. Esperad con paciencia también vosotros, y fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca” (Sant 5, 7-8).
Espera y confía.
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