Ten fe en la oración y sé generoso.
19 de Octubre: XXIX Domingo del Tiempo Ordinario
Invoca el nombre de Jesús
“Y tú, Belén Efratá, pequeña entre los clanes de Judá, de ti voy a sacar al que ha de gobernar Israel; sus orígenes son de antaño, de tiempos inmemoriales. Por eso, los entregará hasta que dé a luz la que debe dar a luz, el resto de sus hermanos volverá junto con los hijos de Israel” (Miq 5, 1-2).
“Oh Rey de las naciones y Deseado de los pueblos, Piedra angular de la Iglesia, que haces de dos pueblos uno solo, ven y salva al hombre que formaste del barro de la tierra” (Antífona de Vísperas).
Todos miramos hacia Belén, referencia histórica del lugar del nacimiento de Jesús, pero a su vez extraña paradoja, donde nació el Príncipe de la Paz, se vive en violencia. No es indiferente que el pueblo donde nació Jesús signifique: “Casa del Pan”, en hebreo, y en árabe: “Casa de la Carne”. El Maestro va a pronunciar en el momento más solemne, con el pan en las manos: “Tomad y comed, esto es mi cuerpo”. “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él. “El que come mi carne y bebe mi sangre” (Jn 6, 54-56).
Son muchos los nombres con los que se invoca a Jesús. La antífona de Vísperas de este día canta al Rey, al Deseado de las naciones, a la Piedra angular de la Iglesia. Se llegan a enumerar cien nombres con los que se llama a Jesús: “Alfa y Omega”; “Buen Pastor”; “Salvador”, “Emmanuel”, “Niño Dios”, “Nazareno”…
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