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El regreso a la normalidad ha puesto a prueba a los organizadores
Después de dos años de limitaciones por la pandemia de la covid-19, los paraguayos han vuelto a peregrinar masivamente hasta la Basílica de Nuestra Señora de los Milagros para rendir tributo a la Virgen de Caacupé.
Ancianos, niños y enfermos, que en los últimos dos años tenían restringida la asistencia a esta celebración, se sumaron este domingo a las filas de visitantes que se acercaron hasta esta localidad situada a unos 58 kilómetros de la capital paraguaya, que espera recibir entre el miércoles y jueves a la mayor cantidad de feligreses.
La peregrinación de este año arrancó el pasado 28 de noviembre, cuando se dio inicio al novenario. Pero será el 8 de diciembre el día central de esta fiesta en honor a la Virgen de Caacupé, que es una variante de la Inmaculada Concepción.
Con los primeros rayos del sol cientos de personas empezaron a avanzar este domingo por las calles irregulares de Caacupé con rumbo a la basílica.
En automóviles, motocicletas, bicicletas e incluso cabalgando iban llegando los visitantes con una única misión: contemplar, al menos unos minutos, la imagen de una virgen ataviada de blanco y azul situada en el centro del templo.
Los creyentes, procedentes de distintos lugares, vienen a agradecer por algún favor concedido o para pedir la intercesión celestial por su salud o la de un familiar, para conseguir trabajo e incluso para pagar sus deudas.
El agobiante calor que caracteriza esta época del año a Paraguay parece desaparecer en el breve espacio de tiempo en el que cada visitante se encuentra con la dueña de casa.
Y mientras en el templo retumban los acordes religiosos o se escucha la eucaristía, el regreso a la normalidad ha puesto a prueba a los organizadores.
El padre Miguel Fritz, encargado de la homilía de este domingo, calificó como un "desafío" la organización de esta celebración masiva.
Para atender a los miles de peregrinos, se han instalado puestos médicos fijos y provisionales. Además se han destinado 500 policías para brindar seguridad.
Las aglomeraciones también volvieron a las calles de Caacupé, que en los últimos dos años vio languidecer sus ventas a causa de las restricciones pandémicas.
En las calles, la protagonista es la conocida "chipa", el tradicional panecillo paraguayo elaborado a base de fécula de mandioca o yuca.
Para Gloria Maribel, una docente jubilada que obligada por las deudas debió trabajar durante estas semanas en una tienda de artículos religiosos, los últimos dos años fueron "terribles" para esta localidad que sobrevive de los visitantes.
Ella, oriunda de Caacupé, agradece a la virgen por haber sanado a sus tres hijos, entre ellos a su primogénita que estuvo a punto de morir al nacer, y por la salud de su mamá.
También en esta jornada se encontraba entre los peregrinos Mónica, quien viajó dos horas en autobús desde la localidad de Villa Elisa.
"Después de mucho tiempo otra vez vengo", afirmó a EFE esta mujer de 40 años, que dice haber sido "bendecida" con su trabajo.
Llevaba de la mano a sus dos pequeños, ambos con la cabeza mojada después de acercarse hasta un surtidor de agua al que la tradición atribuye poderes curativos, ubicado a las afueras de la iglesia de Tupãsy Ykua.
A pocos pasos de ella, Ramón, un argentino de 62 años de edad con más de dos décadas viviendo en este país, se sumaba a quienes agradecían a la virgen por permitirle trabajar.
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