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Cargan contra la "falsa" reforma del Código Penal, convertido en "instrumento de protección a los corruptos"
La Conferencia Episcopal de Honduras expresó este jueves su preocupación por "el futuro" del país y señaló que "la gravedad" de muchos conflictos en el país obedece a la "forma incorrecta" con que son manejados por los poderes del Estado, en algunos casos siendo los causantes, o por no resolverlos a través de una "democracia participativa".
La gravedad de muchos conflictos se debe, según un comunicado de la Conferencia Episcopal, a que los poderes del Estado -Legislativo, Ejecutivo y Judicial- han dejado que "el paso del tiempo haga que se resuelvan por sí mismos, cuando en realidad sólo se agudiza su conflictividad".
Agregó que "la politización" complica "aún más" los conflictos "introduciendo dobles agendas y empañando la claridad de los objetivos por los que se lucha".
"No dudamos de que las manifestaciones de protesta tienen la intención de ser pacíficas, pero permitir la infiltración de elementos violentos desmerita la finalidad que persiguen y conculcan otros derechos de la población que también deben ser garantizados", subrayan los obispos hondureños.
Destacan que la Policía Nacional tiene la responsabilidad de "garantizar el orden y la seguridad de toda la población" y calificó algunas actuaciones policiales como "de fuerza desproporcionada y con esto añaden otro elemento de gravedad a los conflictos".
La Conferencia Episcopal de Honduras dijo que le "preocupa en gran manera el futuro de nuestra Honduras, al pensar que si problemas coyunturales no se saben resolver adecuadamente, ¿cómo podremos resolver aquellos que por ser estructurales exigen un serio ordenamiento de todos los elementos de que consta un Estado de Derecho?", añade el comunicado.
"Una Constitución violada cuantas veces convenga, unos poderes (del Estado) que no son para nada independientes, un Congreso (Parlamento) que se ha convertido en un teatro de pésimos actores, dándole la espalda al pueblo", señalan.
El organismo religioso indicó que Honduras tiene instituciones estatales "quebradas por la corrupción, una paralización de la economía, sobre todo en el agro, una vergonzosa venta de los bienes naturales de nuestra tierra".
Además, una "falsa" reforma del Código Penal, que "simplemente lo convierte en un instrumento de protección a los corruptos y narcopolíticos, con apariencia de ser mejor por el hecho de endurecer las penas a los supuestamente más 'peligrosos', que acostumbran ser los jóvenes marginados y los pobres desesperados por subsistir".
"Esto y mucho más, hace brotar de nuestros corazones un ¡Basta ya!", destacan los obispos, que consideran necesario "enderezar la marcha de Honduras, desde el compromiso de rescatar unos valores éticos que se han ido perdiendo o debilitando en la medida en que las crisis no han sido debidamente solucionadas".
Además, señalan que les "preocupa grandemente la decadencia moral en que está cayendo nuestro país. Nunca es lícito hacer el mal para obtener un bien".
Los obispos creen que los problemas que más afectan a los hondureños son el alto costo de la vida, el crimen, la violencia, el desempleo, las deficiencias graves en los sistemas de salud y educación, la corrupción.
Pero el país enfrenta otros problemas que "son igualmente susceptibles de provocar conflictos, tanto o más graves que los que estamos viviendo en estos días", como el paro de médicos y maestros en rechazo a dos decretos relacionados a servicios de salud y educación.
Asimismo, problemas en la "forma de legislar" del Parlamento hondureño, las decisiones del poder Ejecutivo, las crisis de empresas estatales, los servicios de energía, agua y transporte, entre otros.
"Si cada problema deriva en conflictos como el que ahora estamos viviendo, acerca de los sistemas de salud y de educación, y si cada conflicto es manejado con la misma ineficiencia, las consecuencias pueden hundir a Honduras en una crisis muy difícil de superar", añaden.
Por ello, se hace "aún más dolorosa y comprensible la indignación de la mayoría de la población, el sufrimiento de los más pobres, la decepción de los jóvenes, el miedo de los migrantes, la angustia de los enfermos, la impotencia frente a la corrupción y la impunidad, el cansancio de quienes luchan por una Honduras mejor sin ver resultados", según los obispos.
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