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El Derecho Canónico lo prohíbe, pero prima la “salus animarum”
En la Iglesia hay un principio que está por encima de todos: la “salus animarum” o la salvación de las almas, a la que se supedita incluso el Derecho Canónico, cuyo fin es precisamente ése. Amparado en esa máxima primordial de la fe católica, el obispo peruano de la Prelatura de Caravelí, monseñor Reinaldo Nann, acaba de emitir un comunicado a su diócesis en el que dice textualmente: “Doy permiso de que los sacerdotes puedan escuchar confesiones por teléfono”.
Y lo dice en el contexto general de la alarma por el coronavirus, que también ha llegado a Perú, donde las autoridades acaban de decretar el “estado de emergencia nacional”. Para adecuarse a ese nuevo marco legal, el prelado peruano de origen alemán explica, en un comunicado, las medidas pastorales para la prelatura.
En primer lugar, suprimir las misas. “En ninguna parroquia y en ningún sitio del territorio de esta Prelatura se celebrarán misas o liturgias públicas (con asistencia de fieles). Solo lo podrán hacer los conventos para los que viven dentro del convento. Se suspenden todas las reuniones, jornadas, catequesis de las parroquias”.
Reconoce, sin embargo, que, en la actual situación “los fieles necesitan más que nunca nuestro apoyo espiritual” e invita a sus sacerdotes a hacerlo, siguiendo el ejemplo de grandes santos, como Carlos Borromeo o el Padre Damián, que “en los tiempos de la peste no dudaron en ayudar a los enfermos, muchas veces arriesgando su propia vida”.
Por eso, pide a sus curas que “mantengan abiertas las iglesias todo el día” y que los curas permanezcan en sus pueblos “como testimonio de fe”.
Respecto a los funerales, recuerda que no se pueden hacer celebraciones de cuerpo presente, “pero sí el responso en la casa del difunto y también el acompañamiento del féretro al cementerio, siempre cuando no lo prohíban las autoridades locales”.
Ordena a sus sacerdotes que sigan administrando la comunión a los enfermos, porque, a su juicio, se trata de “un producto de primera necesidad”.
Dice a sus curas que sigan celebrando a diario “la misa a solas” y que las filmen, para que salgan en las redes sociales o en la radio y televisión local”. Porque “Nuestra gente necesita mensajes de fe y esperanza. Ahora más que nunca llamen a sus fieles por teléfono, por mensaje, por redes sociales. Muchos estarán solos y aislados en sus casas. Necesitan el acompañamiento de la iglesia en estos momentos”.
También quiere monseñor Nann que se elaboren “celebraciones familiares diarias” y se hagan llegar “por email o wassap a nuestros fieles”, para que “cada familia se convierta en iglesia-hogar como fue en los primeros siglos del cristianismo”. Y añade: Ahora las familias tienen tiempo para la oración en familia, que lo aprovechen como una gran oportunidad”.
También quiere monseñor Nann que se elaboren “celebraciones familiares diarias”
En este contexto es en el que concede “permiso para que los sacerdote puedan escuchar confesiones por teléfono”.
Pero monseñor Nann no sólo centra sus directivas en la salud del alma, sino también del cuerpo. Por eso ordena que “Nuestros comedores para los ancianos también deberían seguir funcionando, sin aglomeración de los ancianos sino recogiendo la comida individualmente o entregándola a su casa”.
Y monseñor Nann termina deseando que, con estas medidas, se pueda crear en su diócesis “un poderoso movimiento de oración y acompañar a nuestro pueblo espiritualmente en estos momentos difíciles”.
¿Va a cundir el ejemplo de este prelado entre los obispos del mundo, incluidos los españoles? ¿Se atreverán a colocar en sus diócesis el bien de las almas por encima del derecho canónico, especialmente para los moribundos en tiempos de coronavirus?
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