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Aldemiro Sena dos Santos había invitado a votar por quienes ayudan a los pobres
La cercanía de la segunda y decisiva vuelta electoral este domingo 30 de octubre en Brasil, está elevando la temperatura ambiental entre los partidarios de Jair Bolsonaro, que se presenta a la reelección, y del candidato Lula da Silva, enfrentamiento que incluso está atrapando a la Iglesia, cuyos obispos han tenido que salir al paso contra "el uso de la religión para estimular el odio, la violencia y la división de las familias y la sociedad".
De la gravedad de la situación dan idea las agresiones verbales que sufrió el pasado domingo 23 de octubre el obispo Aldemiro Sena dos Santos, quien fue increpado en la sacristía de la catedral de Nossa Senhora da Luz, en la diócesis de Guarabira, por partidarios de Bolsonaro al finalizar la eucaristía que acabada de presidir y en la que, sin mencionar directamente a Lula, invitó a los feligreses a votar por quienes ayudan a los pobres.
La homilía no debió gustar a los bolsonaristas presentes porque un grupo de ellos (entre los que, según algunas fuentes, se encontraban los familiares del alcalde de la ciudad) “fueron a la sacristía para cuestionar y acosar al párroco por no gustarle la carta que el obispo leyó durante la celebración eucarística. La situación fue presenciada por varias personas”, según informa los medios locales.
La Diócesis de Guarabira, por su parte, emitió una nota en la que señalan que “repudiamos no sólo el ataque fascista a la predicación del Evangelio que ocurrió en la casa de Nossa Senhora da Luz, sino a toda y cualquier forma de violencia, violación a la libertad religiosa, persecución e intolerancia”.
“Estas acciones de represión y opresión a la fe cristiana, claramente motivadas por tendencias ideológicas fascistas y autoritarias, son y serán vehementemente repudiadas por la Comunidad Diocesana, que se sitúa, ante todo, del lado de Jesucristo”, señala el comunicado.
"Actitudes violentas, como la sufrida por el obispo de Guarabira, indican la existencia de una persecución al auténtico cristianismo, que tiene su opción por los más pobres, más vulnerables, estigmatizados y marginados. Sin embargo, también desenmascaran a quienes, de hecho, faltan al respeto a la fe, mancillan la religiosidad y profanan el templo a semejanza de los vendedores ambulantes expulsados por Nuestro Señor. En este sentido, creemos que cualquier intento de silenciar la predicación del Evangelio es una violación de la libertad religiosa, un derecho garantizado constitucionalmente", concluyen.
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