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"Las últimas declaraciones de Bukele nos llenan de preocupación"
(Comités Óscar Romero de España).- Los Comités Monseñor Óscar Romero de España, junto a la inmensa mayoría de la sociedad española, nos sentimos conmocionados por el zarpazo mortal que la naturaleza nos ha dado recientemente en Valencia, donde las inundaciones han producido en torno a 230 muertes, pérdidas supermillonarías en viviendas, infraestructuras, empresas, vehículos (más de 120.000); todo ello añadido a cientos de miles de proyectos vitales rotos.
Acabamos de sufrir una catástrofe sin precedentes, y sabemos que dado el carácter depredador del sistema económico en el que vivimos, este tipo de fenómenos serán cada vez más frecuentes. Por ello, debemos aprender de nuestros errores y tratar de rectificar... si es que estamos a tiempo de hacerlo. Debemos reflexionar, analizar la realidad y actuar para transformarla. Tenemos retos individuales, pero sobre todo: colectivos, sociales, económicos, culturales y políticos.
Al hilo de todo esto, nos llenan de tristeza las últimas declaraciones de Bukele, sobre el deseo de reactivar la minería metálica.
Nuestra relación de hermandad y Solidaridad con el pueblo salvadoreño, nos lleva a expresar nuestro estupor ante el mensaje de que el oro es un recurso de Dios regalado a El Salvador. Nos indigna tanta burda manipulación. Por lo que, siendo conscientes de que le corresponde al pueblo de El Salvador decidir su presente y su futuro...
-Causa graves daños irreversibles en el medio ambiente y en la salud humana.
Debido al uso de químicos como el cianuro y mercurio que contaminan el suelo y el agua, aumentarían las enfermedades humanas y haría inviable el cultivo para consumo de las personas.
-Agrava la escasez de agua potable en El Salvador.
La mayoría de las cuencas de agua en el país tienen una calidad mala para el consumo humano, debido a la sobreexplotación y por la flexibilización de los permisos ambientales en favor de las empresas constructoras.
La minería, que consume grandes cantidades de agua potable, haría más dificil el acceso a las personas y las comunidades a este bien de primera necesidad.
-Aumenta la vulnerabilidad de las personas y comunidades ante fenómenos como los terremotos, precarizando la vida de la población.
El Salvador no tiene condiciones seguras para la explotación minera por el riesgo continuo de seísmo o deslave, lo que puede ocasionar graves problemas laborales y desplazamiento de comunidades a otras zonas.
-Genera mayor conflicto social y persecución a las defensoras de derechos ambientales.
La ley vigente de prohibición de la minería metálica, aprobada en 2017, fue una lucha y victoria del pueblo salvadoreño (más de 12 años) como muestra del valor que se le otorga a la vida y a la salud, no sólo de las personas sino también de todos los seres vivos de la creación.
Actualmente, luchadores históricos en contra de la minería metálica están siendo hostigados y perseguidos, y las comunidades se ven militarizadas (como ejemplo Santa Marta- Cabañas).
La amenaza, el miedo y la persecución legal de la que son objeto los líderes ambientalistas no busca otra cosa que sentar un ejemplo y disuadir a otros.
-No genera puestos de trabajo de calidad, ni desarrollo local, ni beneficio para el país.
La realidad es que los grandes proyectos de minería son concesionados a empresas transnacionales, que no respetan las leyes internacionales de los trabajadores y tampoco las referentes a daños ambientales.
La estrategia económica del actual Gobierno de El Salvador, busca favorecer los intereses de grupos cercanos al poder y despojar de sus medios de vida a las poblaciones más vulnerables.
La normativa actual permite exenciones fiscales a operaciones comerciales y de inversión, lo cual reduce aún más la expectativa de recaudación del Estado.
Los inversores tienen derecho de transferir libremente y sin límite fondos de su inversión fuera del país, por lo tanto no están obligados a beneficiar a las comunidades ni a mejorar las infraestructuras del país.
Por todo ello decimos No a la minería y Sí a la vida:
-Nos posicionamos del lado de las comunidades, especialmente las más vulnerables, que son las que más sufren los efectos devastadores de esta actividad económica destructora de la vida.
-Reafirmamos nuestro compromiso con el cuidado de la Casa Común.
-Pedimos a la comunidad internacional, no permitir tal desastre humano y ambiental.
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