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En la síntesis sinodal, uno de los diez vicariatos aboga por la ordenación femenina
Falta de atención, indiferencia ante sus costumbres ancestrales, prejuicios, maltrato, intento de imponer una visión sin pasarla por el tamiz de la inculturación… La consulta sinodal a las comunidades indígenas de Colombia supone un serio grito de atención a la Iglesia de Colombia, pues los pueblos originarios se sienten desatendidos e ignorados.
Con todo, como se aprecia en las once páginas de la síntesis que ha enviado a Roma el Episcopado colombiano en donde da cuenta de la escucha a buena parte de los 115 pueblos indígenas del país, estos, “aunque reconocen que deben poner de su parte, piden a la Iglesia que no los olvide, pues sienten que a veces no se tiene en cuenta el hecho de que para quienes viven en los pueblos y en las ciudades es más fácil poder caminar en compañía”.
“Falta acompañamiento por carencia de sacerdotes y porque a los pocos que hay no les gusta acompañar a los pueblos indígenas”, señalan algunos participantes, por lo que estiman que “una buena solución es promover entre nosotros el Diaconado Permanente”, y casi todos reconocen la tarea misionera que han hecho entre ellos las Hermanas Lauritas, “pero hoy hay muy pocas”.
“Los indígenas hemos observado que el sacerdote predica, pero no aplica. Nos maltratan, nos ven con indiferencia, sobre todo, cuando vamos con ruana y botas, al bajar de nuestros campos”, señalan en otra comunidad indígena, y advierten que “los maestros, en nuestras escuelas, imponen la visión de que la Iglesia católica acabó con varios usos y costumbres de nuestros pueblos indígenas. Esto ha llevado a tener sentimientos de rabia con la Iglesia y para completar, como hay poca presencia de los sacerdotes, se termina creyendo en eso.”
“Parece que a los sacerdotes les falta conocimiento sobre nuestras costumbres y tradiciones -apuntan desde otra comunidad indígena- .Cuando llegan a nuestros territorios, las satanizan. Pedimos a la Iglesia nos ayude a unirnos más, sin excluirnos. Esto será un buen avance para reencontrarnos”.
En este sentido, se reconoce que es muy positivo el encuentro que ha posibilitado esta escucha sinodal a las comunidades también indígenas propiciadas por el papa Francisco. “Hasta ahora estábamos solos y ustedes estaban solos. Pero en el momento somos invitados a participar, parece que la cosa empieza a cambiar. Este encuentro ya es un avance en el acercamiento de la Iglesia a los pueblos indígenas”, dicen.
“No se escucha a los pobres indios, se les percibe de otra clase social -lamentan en otra comunidad-. Hemos llegado a pensar que a los indios no se les ama”. “A veces los pastores de otras religiones nos escuchan más que los sacerdotes católicos”.
Así pues, el lamento casi común en esta síntesis de escucha a los indígenas colombianos es que, “en términos generales, no hemos sido escuchados. La Iglesia no ha entendido nuestras tradiciones culturales, sobre todo en el cuidado del medio ambiente; las acciones de hecho son mal vistas; no se siente el apoyo, sino malinterpretaciones porque exigimos respeto a la madre tierra y a la vida”. “Queremos sacerdotes que vengan a servir a las comunidades, no a imponer sin conocernos, ni escucharnos”.
Por otra parte, y a nivel general, la consulta sinodal al Pueblo de Dios en Colombia no ha deparado grandes sorpresas, salvo la de la petición, en uno de los diez vicariatos que tiene esta Iglesia, que “solicita que las mujeres puedan ser ordenadas en el ministerio jerárquico”.
Además, y más allá de la necesidad de ahondar en la formación, la corresponsabilidad, la escucha, el dinamismo misioneros, la atención a niños, jóvenes y mayores, una mayor transparencia en todos los órdenes o la creación de espacios protectores para los menores en la Iglsisa para poner coto a la lacra de los abusos, la síntesis general de esta fase de escucha aboga también por algo novedoso: “la evangelización incluyente”.
Se trata, según se señala, de que “los participantes piden que la Iglesia venza los prejuicios y no tema atender pastoralmente o entablar un diálogo acogedor con la población LGBTIQ+, así como con la diversidad religiosa -de manera particular, los cristianos no católicos-, diseñando e implementando nuevas herramientas para un ecumenismo con profundización más catequética; con los miembros de otras religiones y espiritualidades e incluso los indiferentes. También hay un fuerte reclamo de que se acompañe con mayor decisión a las poblaciones indígenas, afrodescendientes, campesinas, migrantes, rom, habitantes de calle, divorciados vueltos a casar, parejas en unión libre, personas en situación de prostitución, en condición de discapacidad, con enfermedades mentales, con capacidades distintas, vendedores informales, privados de la libertad, farmacodependientes y adictos a la pornografía, al alcohol o a los juegos de azar".
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