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“Soy una persona abiertamente gay, teólogo católico, casado, con una enorme tristeza de no ser aceptado totalmente en la Iglesia. Me considero un católico en la diáspora”. Así arrancó su participación el teólogo de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, Ángel Francisco Méndez Montoya. Una vibrante y polémica intervención, en la que lamentó que esta cuestión “haya sido invisibilizada por el Sínodo”, pese a que fue uno de los temas más recurrentes en las conversaciones previas.
“Somos muchas personas que estamos en la Iglesia y que nos sentimos fuera, en la diáspora”, recalcó Méndez Montoya, quien insistió en que “la sinodalidad ha de ofrecer espacios de santuario a cuerpos heridos y subordinados por esquemas de odio, xenofobia, racismo y homo-lesbo y transfobia”.
“Debemos abrir estas fronteras a las comunidades LGBTIQ+ que cruzan la frontera, también están huyendo de la violencia”, señaló el teólogo, instando a estar “abiertes al Espíritu Santo. Atrevernos a construir comunidades queer también desde la diáspora. Reconocer la diversidad como dones y no como maldiciones para la Iglesia”.
“Sigo preguntándome por qué seguimos siendo expulsados, invisibilizados…”, clamó Méndez Montoya, quien añadió: “¿No será que la Iglesia sigue siendo homo-lesbo-bi-transfóbica?”. “Hay un problema muy grande entre el ser y el actuar” insistió. “El peor pecado es la deshonestidad, no hay nada mejor que la verdad, la honestidad”.
Entre las propuestas, señaló la necesidad de “recuperar un sentido de la pobreza desde la carne, desde el cuerpo, los afectos”. “Hay que recuperar el cuerpo, el deseo, a un Dios queer”, porque “no solo Dios ama a los queer, sino también Dios se hace queer entre los queer, se hace un extraño entre extraños. Y desde esa diáspora, viene la resurrección”. “Atrevámonos a hacer una Iglesia más inclusiva”.
Por otro lado, desde el Boston College, Hosffman Ospino, alertó de la doble moral de un número creciente de latinos en Norteamérica que siendo descendientes de inmigrantes encarnan sentimientos en contra de otros inmigrantes e incluso prejuicios racistas. “Algunos de los líderes supremacistas en EEUU son latinos”, subrayó, advirtiendo del “impacto pernicioso de querer ‘hacerse blanco’, para así poder acceder a una serie de beneficios que se nos han negado históricamente”
“La principal razón por la que migran es la reunificación familiar, el derecho a estar juntos”, recordó. “Es ahí donde los obispos católicos en EE.UU. han hecho un buen trabajo en la reunificación familiar. Les falta trabajar otros aspectos de temas migratorios”.
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