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Parroquianos respaldan la "tenacidad y claridad" de su decisión de morir con dignidad
"No tengo reservas en absoluto sobre lo que estoy haciendo. Y mi pastor/padrino me ha dado su bendición". Es el texto de uno de los últimos posts en Facebook que dejó Robert Fuller, un hombre de 76 años, enfermo terminal de cáncer, que se quitó la vida tras una última fiesta con sus amigos y seres queridos, y tras recibir una bendición conmovedora de su cura y de toda su comunidad parroquial.
El perfil que le dedicó AP a Fuller esta semana conmovió a medio mundo.
Fue un hombre "divertido, sabio, gracioso y dinámico, un cantante maravilloso y el tipo de persona que coleccionó a amigos en todos lados", resaltó la agencia de noticias.
Un homosexual, Fuller contrajo el SIDA en los 80, tras años a la deriva emocional y afectiva que incluyeron un intento de suicidio. Pero le dio la vuelta a su vida, dejó el alcohol y encontró un significado para su existencia en la parroquia de St. Therese, en Seattle.
Una comunidad famosa en esta ciudad estadounidense por no cerrar la puerta nunca a nadie.
Por lo que le significó su fe, y su comunidad, Fuller quiso despedirse de sus correligionarios en una emotiva ceremonia en la iglesia.
Antes de juntarse a las más de 1,200 personas que se han aprovechado de la Ley de Muerte Digna del estado de Washington en la década que ha estado en vigor.
Y eso con el apoyo de muchos de sus co-parroquianos, quienes respaldaron la "tenacidad y claridad" de la decisión de Fuller de morir con dignidad.
El pasado 5 de mayo, cuando Fuller comunicó por última vez, el jesuita Quentin Dupont le bendijo. El cura también invitó a un grupo de niños que recibían su primera comunión, vestidos de blanco, a que hicieran lo mismo.
Luego, el último día de su vida, Fuller lo quiso aprovechar al máximo. Quizás por la confianza de saberse reconciliado con Dios, y con su pueblo en la tierra.
Por la mañana, se casó con su pareja. Después, disfrutó de una última fiesta rodeado de amigos y parroquianos, y con el coro de St. Therese acompañando la velada.
Fuller se acabó con su vida con una inyección de drogas y Kahlua -su bebida favorita- autoadministrada al estómago.
Pero no sin antes recordar a sus alegados: "Podéis encontrarme en los ojos de Dios. Podéis encontrarme en la música bella".
Con su característico sentido de humor, añadió: "Podéis encontrarme en los pedos terribles".
"Estoy muy contento de haber tenido este tiempo juntos", zanjó, justo antes de morir.
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