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El arzobispo de Santiago insta a los fieles a no ser 'meros espectadores' de la vida
(Arzobispado de Santiago. Chile)“Abramos nuestro corazón al Señor que trae la misericordia”. Con esa invitación el arzobispo inició la eucaristía, que concelebró con monseñor Alberto Lorenzelli, obispo auxiliar de Santiago. El pastor pidió a los conectados a la transmisión: “Ante el altar del Señor procuremos recogernos, centrarnos (…) para hacer que este momento quede grabado de una manera especial en nuestra vida, igual que vamos a ver que aquel primero encuentro quedó grabado en la vida de los apóstoles”.
En el Evangelio del día los discípulos exclaman: “Hemos encontrado al Mesías”. Así también, afirmó el arzobispo, “lo han proclamado generaciones de mujeres y de hombres en el mundo entero, y así también aquí en Chile lo han proclamado y lo proclamamos hoy: hemos encontrado al Mesías. Y este es nuestro gozo y esta es nuestra alegría”.
En su homilía, monseñor Aós, señaló que la Palabra de Dios en este domingo nos invita a tres cosas. Primero, a poner en el centro de nuestras vidas a Jesús. A pesar de que los apóstoles tuvieron muchas tareas que enfrentar, explicó, “siempre Jesús era el centro de su vida, no lo era ni el emperador, ni las leyes que dictaba el senado romano. Jesús es nuestra vida y es nuestra meta, poner a Jesús en el centro, creer en el poder de Dios, en ese poder para transformar”.
En segundo lugar, mirar a los demás: “Jesús miraba y sabía que le miraban”, manifiestó el arzobispo. Y reflexionó: “Nos hemos mirado enfrentándonos, y nos hemos mirado mal, así no se gestan relaciones nuevas. Las relaciones que queremos tienen que ser relaciones de fraternidad, donde nazcan de esa mirada de respeto, de esa mirada de colaboración, de ayuda”.
Y, en tercer lugar, invitó monseñor, tenemos que comprometernos. “La Palabra de Dios no es para que se quede ahí en la memoria o en el corazón, sino para que se haga vida, por eso tenemos que comprometernos para que nuestra sociedad se vaya transformando. Ser levadura en la masa, ser luz que alumbra, ser sal que da sentido a la vida”.
Ante estas invitaciones del Evangelio, el arzobispo animó: “El espíritu de Jesús nos va a ayudar. Bienaventurados ustedes que se dejan contagiar por el espíritu de Dios y luchan y trabajan por ese nuevo día, por ese nuevo Chile, porque de ustedes será el Reino de los Cielos”.
“Si queremos vida trabajemos por la vida, no por la muerte, de una manera u otra. Si queremos verdad, trabajemos por la honradez y no por la corrupción. Si queremos en definitiva un Chile nuevo y más fraterno, trabajemos también nosotros por ese compromiso, porque al mal se lo derrota con el bien. No nos quedemos simplemente de espectadores, que este encuentro con el Señor en el día de hoy quede marcado en nuestros corazones como quedó marcado aquel primer encuentro en los corazones de Andrés y de Juan el Evangelista”, concluyó monseñor Aós.
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