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Del 25 al 29 de septiembre los miembros de la Red CLAMOR hemos celebrado la VII Asamblea General
(Red CLAMOR).- Del 25 al 29 de septiembre, en la sede del CELAM, Bogotá, los miembros de la Red CLAMOR nos hemos reunido en la VII Asamblea General, y en el Seminario MigraRed 2024, además de unirnos en oración en la Catedral de Bogotá para la 110º Jornada Mundial del Migrante y Refugiado.
Ha sido una jornada intensa, nos hicimos presente más de 100 personas: un Cardenal, Obispos, sacerdotes, vida religiosa y un nutrido grupo de laicos. Mujeres y hombres comprometidos en dar voz y rostro a los migrantes, refugiados, desplazados y a las víctimas de la Trata de Personas. Más de 30 nacionalidades de los 5 continentes unidos en fraternidad y comprometidos en ver, juzgar y actuar, desde los verbos rectores del Acoger, Proteger, Promover e Integrar.
Iniciamos con un corazón orante, poniendo nuestras vidas en las manos de Dios, en especial la de aquellos que son los más vulnerables y que sufren en la carne su propio vía crucis, los cristos de hoy. Durante horas escuchamos el clamor de aquellos que “lloran sangre”, según palabras del Cardenal Ramazzini. Nuestro corazón se estrujó ante la voz de la pasión vivida por migrantes latinoamericanos, de Asia, África, Oceanía y del flagelo de la esclavitud del siglo XXI. Pasamos de la locura de la guerra de Ucrania al dolor del fundamentalismo talibán que destruye vidas en Afganistán. También escuchamos el clamor del caos del medio ambiente que afecta nuestra casa común, provocando una migración climática.
"Escuchamos el clamor de aquellos que 'lloran sangre' … Barcas cargando cadáveres de migrantes del Darién o del Mediterráneo; fosas en Melilla; campos sembrados de cruces en las distintas rutas migratorias…"
Nuestros corazones latieron impactados con las imágenes de barcas cargando cadáveres de migrantes del Darién o del Mediterráneo; fosas en Melilla; campos sembrados de cruces en las distintas rutas migratorias, sepultando la vida, matando la esperanza y el proyecto de una historia más digna. Surgieron las lágrimas ante la visión de las ciudades destruidas en Ucrania y tantas vidas segadas; ver a los niños asistiendo a clases en subterráneos oscuros, ya que la superficie es arrasada por el odio apocalíptico de un desquiciado como Putin, ante un mundo impasible que descarga la culpa de su conciencia inundando a Ucrania con más armas fratricidas, sin un deseo serio de encontrar la paz por parte de los poderosos de hoy.
"Ciudades destruidas en Ucrania y tantas vidas segadas; ver a los niños asistiendo a clases en subterráneos oscuros … Refugiados en Tailandia, Bangladesh, Myanmar o en Darfur …
Clama la voz de aquellos que viven en condiciones infrahumanas en campos de refugiados en Tailandia, Bangladesh, Myanmar o en Darfur. Millones de seres humanos viviendo una “no vida” en espacios que destruyen toda humanidad. Clama la voz de los que transitan las rutas del Sahara, enfrentando el calor infernal del desierto y de los grupos delictivos de traficantes humanos. Claman los migrantes vendidos en los mercados de esclavos en Libia.
Tantos miles de niños, mujeres y hombres huyendo de la guerra, del hambre, de la pobreza, del cambio climático, de la desesperanza, de la injusticia, de la muerte… Y terminan estrellándose con un gran muro de xenofobia, discriminación, abusos, trata de personas, lesiones, violencia y desapariciones. Un muro de egoísmos, de sociedades que sólo piensan en su propio bien, que se encierran en sus intereses mezquinos; que no les importa atropellar a los más vulnerables con su poder económico y militar. Sociedades hedonistas, sin valores, indiferentes, que estigmatizan a cualquiera que no sea de los suyos. Países que construyen una “sociedad de bienestar” a costa de explotar los recursos renovables y no renovables de países más pobres, provocando mayor miseria, hambre, injusticia, afectación en la educación y la salud, corrupción y narcotráfico, conflictos armados, creando estados fallidos como Haití; y la destrucción de la naturaleza. Todo se convierte en un círculo infernal que no tiene fin, teñido por la sangre de tanta vida masacrada.
"Tantos miles de niños, mujeres y hombres huyendo de la guerra, del hambre, de la pobreza, del cambio climático, de la desesperanza, de la injusticia, de la muerte… Y terminan estrellándose con un gran muro de xenofobia, discriminación, abusos, trata de personas, lesiones, violencia y desapariciones"
Ante un panorama tan duro y que da la impresión de que nos aplasta, resuena la voz de Dios: “He escuchado el CLAMOR de mi pueblo” (Ex. 3,7). Dios se hace tangible, cercano, visibiliza el amor por medio de tantos hermanos y hermanas que trabajan en múltiples obras de misericordia, haciendo cada día vida Mt. 25, dispuestos a atender a Cristo entre los hambrientos, los desnudos, los que tienen sed, los que están enfermos, acogiendo, visitando al cautivo. Tantos albergues, hogares, comedores, centros de salud, instituciones de caridad, organizaciones, redes, parroquias, diócesis, vida consagrada, dispuestas a acoger al Cristo víctima, ultrajado, excluido, golpeado, violentado…
"Ante un panorama tan duro y que da la impresión de que nos aplasta, resuena la voz de Dios"
“De este modo, se crean espacios de fraternidad donde se devuelve lo más importante a las hermanas y a los hermanos que llegan: su dignidad como personas, como seres humanos creados a imagen del Dios de la vida”. (Papa Francisco: mensaje a la Red CLAMOR).
Jesús de Nazaret nos mostró el camino, la verdadera vida es la que se vive en clave samaritana, es tiempo de la misericordia, de ser prójimos de los migrantes, de los refugiados y desplazados, de las víctimas de la trata de personas. Vete y haz tú lo mismo (cfr. Lc.10, 25-37).
"Se crean espacios de fraternidad donde se devuelve lo más importante a las hermanas y a los hermanos que llegan: su dignidad"
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