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Monseñor Ulloa llama al diálogo, el desarme del corazón y la conversión en una emocionada homilía
(ADN Celam).- En la celebración eucarística del Jubileo de la Familia “Peregrinos de la Esperanza”, el mensaje fue claro por parte del arzobispo de Panamá, monseñor José Domingo Ulloa Mendieta, exhortó a todos los panameños reencontrarse con la familia, construir la paz y no perder la esperanza. Fue una homilía cargada de espiritualidad, gratitud y llamado a la reconciliación, pronunciada el Anfiteatro del Parque Omar, coincidiendo con la solemnidad de la Ascensión del Señor y marcó un momento significativo para la Iglesia panameña.
Este momento eucarístico sirvió para renovar el compromiso cristiano con la unidad. El prelado observó que la Eucaristía es “aliento del pueblo santo y signo de esperanza”, que está invitada a ser vínculo de comunión en tiempos permeados por el desencuentro social y político. Insistió en que, la gracia plena de la Eucaristía va más allá de ritos, “este sacramento nos forma para vivir reconciliados y atentos al prójimo”.
En el ambiente de fragmentación por el que está pasando el país, el arzobispo fue firme en su llamado al diálogo, el desarme del corazón y la conversión. “El mejor camino para sanar las relaciones fracturadas es la reconciliación”, expresó, subrayando que Panamá no puede hundirse en el olvido de Dios que hermana. Pidió no ver el diálogo como una debilidad, sino como una muestra de madurez y de amor al país.
“Existen demasiadas fragmentaciones y heridas por la violencia de un sistema excluyente para que añadamos nuevas rupturas”, asintió, asegurando que todos son una sola familia y no pueden llegar a autodestruirse. “Es urgente tender puentes, abrirnos a la escucha activa, y apostar por la paz”.
El líder religioso panameño, recordó con emotividad al padre Héctor Gallego, desaparecido hace más de cinco décadas. “Héctor, ¿dónde estás?”, repitió como eco de la búsqueda de verdad y justicia aún pendiente. Reafirmó que el testimonio de este religioso sigue siendo fuerza viva para una Iglesia que no puede callar ante la injusticia.
“Su legado nos desafío y nos impulsa a seguir trabajando incansablemente por aquellos a los que se entregó en forma total, a quienes evangelizó, formó y organizó para que fuesen gestores de su propio destino, ante la realidad de un campesinado, explotado y abandonado a su suerte. Un cristiano no puede ser indiferente ante el dolor y la injusticia que sufre el prójimo”, aseguró.
Retomando las palabras del Papa Francisco durante la JMJ 2019, el arzobispo recordó que Panamá es un país noble y solidario, capaz de acoger al extranjero y construir fraternidad. Por ello, advirtió que no se puede permitir que la violencia ni el egoísmo echen raíces más profundas, pues “entre hermanos nos estamos persiguiendo, y en esta crisis todos estamos perdiendo”.
En el inicio del Mes de la Familia, el arzobispo de Panamá subrayó que el primer espacio donde se siembra la esperanza es en la familia. “La Iglesia nace en tu casa”, afirmó, señalando que muchas familias viven hoy rupturas y desafíos, pero el amor fiel, que se renueva cada día, sigue siendo la semilla de transformación social y espiritual que puede ayudarlos a crecer.
Al referirse a la familia panameña, el arzobispo también incluyó en su mensaje a los migrantes. Pidió que sean acogidos con dignidad y recordó los verbos fundamentales que el Papa Francisco promueve: “acoger, proteger, promover e integrar”. Enfatizó que estos hermanos no deben ser olvidados en medio de las crisis sociales.
La jornada también fue ocasión para agradecer tres acontecimientos que marcan el caminar de la Iglesia panameña: los 50 años de la Campaña de Promoción Arquidiocesana, los 25 años de la Fundación Pro Fe, y las Bodas de Oro Episcopales de Mons. José Dimas Cedeño. “En ellos vemos la fidelidad de Dios a su Iglesia”, expresó Mons. Ulloa.
Concluyó su mensaje, invitando a toda la Iglesia a cantar el Magnificat por los frutos de estas cinco décadas de camino. Llamó a todos los fieles a no rendirse, a seguir siendo “peregrinos de la esperanza”, y a trabajar por un Panamá reconciliado, justo y fraterno. “Gracias, Señor, por habernos hecho una sola familia”, finalizó.
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