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El misionero valenciano es prelado de Tegucigalpa desde 2023, sustituyendo a Rodríguez Maradiaga
(Agencia FLAMA).- Al misionero paúl y arzobispo de Tegucigalpa José Vicente Nácher (Valencia, 1964), no le resulta extraño que una de las imágenes que más se hayan difundido “de cuando León XIV era exclusivamente el prior general Robert Prevost” sea una en que aparece encima de un caballo para acudir a una misa. “Aquí [en Honduras], también lo tendría que haber hecho, en caso de que, en vez de ir a Chiclayo, en Perú, hubiera venido a un país de la América Central donde también tenemos agustinos”, comenta este valenciano refiriéndose a la existencia de áreas extensas de población en que “el boscaje y el mundo urbano se abrazan”, y en que, señala, “hay un sacerdote por cada 20.000 católicos”.
Pero ni Prevost volverá a ir con caballo a ninguna misa ni se espera que, en estos próximos años, este valenciano vuelva a la vida de cura (compaginada con la de prior general de la Congregación de la Misión, con 400 años de historia) que tenía antes de enero de 2023. Una llamada desde Roma le ofrecía ser arzobispo de Tegucigalpa, una de las dos archidiócesis de Honduras, y sustituir una de las figuras clave en el pontificado de Francisco, el cardenal salesiano Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, nacido el 1942 en este territorio diocesano. “Como todo sacerdote a quien le pasa esto”, admite, “fue una gran sorpresa”.
Tanto con Maradiaga como con Prevost, este misionero participó en las dos sesiones de la Asamblea General Ordinaria del Sínodo, desde la que, “mientras se celebraba una comunión en términos sinodales y en que el actual obispo de Roma daba consistencia y cimiento al trabajo”, se recibió la noticia de la muerte del hasta entonces obispo de Comayagua, Roberto Camilleri (1951-2023), “a quien tuve el honor de relevar al frente de la Conferencia Episcopal de Honduras más tarde”, como rememora el valenciano. “La experiencia me ha permitido tener una visión de la Iglesia periférica que cuesta de ver desde Europa”, sostiene.
A pesar de una agenda que estos últimos años ha hecho más difíciles los viajes que acostumbra a hacer a su tierra natal “para estar junto a mis padres y al arzobispo de Valencia, Enrique Benavent”, el arzobispo formado académicamente entre la Comunidad Valenciana y Cataluña, y enviado a Honduras hace veinticinco años, pudo ser uno de los paúles que vivieron “ intensamente” el final de fiesta del Jubileo de su congregación en París, el pasado mes de abril. “Rozando los 3.000 miembros, representamos un carisma totalmente entroncado con la Iglesia católica de hoy en día”, comenta Nácher, “y que tiene energía para vivir muchos siglos más“.
"Rozando los 3.000 miembros, representamos un carisma totalmente entroncado con la Iglesia católica de hoy en día. Y que tiene energía para vivir muchos siglos más"
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