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Carlos Castillo rinde homenaje a su madre fallecida y a todas las madres
“Madre, nos haces una falta sin fondo, más ahora que encerrados en casa, no estás”, es parte del poema que nos regala el Arzobispo de Lima y Primado del Perú, Monseñor Carlos Castillo, por del Día de la Madre. En este tiempo de distanciamiento social, y a través de la voz de nuestro pastor, queremos recordar a todas las madres presentes humana y espiritualmente.
MADRE
Madre, nos haces una falta sin fondo
más ahora que encerrados en casa, no estás,
y tu voz sigue diciéndonos que
debemos levantarnos temprano,
que la vida se gana cada día,
que vamos a salir de compras,
que es la hora del almuerzo,
que por fin llegaste del colegio,
que es mejor dormir temprano.
Madre, tu ausencia se siente a gritos,
pero aún se escucha que pulula
por los entresijos del barrio
con tu taconeo apurado
cuando morían los amigos
y los velabas en la casa,
servías el amargo café
y con la mano en la espalda
“Ya compadrito”, “tranquila hijita”.
Mamá, la pandemia ha roto tu país,
en toda la ruta de Chiclayo a Lima
los muertos caen sin consuelo,
las familias lloran sin descanso,
se contagian sin medida
y salen a comprar con peligro de sus vidas
migrantes, como cuando tú llegaste,
los nuevos “linces” de aquellos años
se llenan del hambre que pasábamos antes.
Mamá, tu corazón parece aún latir,
tus palmaditas al hombro parecen aún golpear,
tu consuelo parece aún alentar,
y es que te cuento…
los vecinos se están ayudando,
las autoridades están subsidiando,
las iglesias se están movilizando
el Ejército y la Policía sirviendo,
las enfermeras y los médicos se están dando,
los más pobres colaborando,
las pequeñas empresas preparando,
las madres presas con sus niños se van liberando
solo pocos faltan abrir su corazón.
Contágialos mamita de tu amor,
y haz que oren en casa
como cuando rezábamos el Rosario,
y con mis hermanas jugábamos a hacer misa,
cuando no había luz
y reíamos de cosas nimias
Contágianos, mamita linda
y ábrenos el corazón y el puño a todos
y contágianos también tu sonrisa
aquella que me regalaste para dar la vida.
Sigue taconeando mami, sigue hablando
que nos hace falta sin fondo tu palabra,
la que te enseñó Jesús y María,
la que me dijiste esa última vez:
“Enseña siempre que hay un Padre en el cielo
que nos ha ayudado siempre
para que siempre nos ayudemos”.
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