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Diálogo generacional y satisfacción generalizada en el Proyecto Hombres Nuevos
Ahora que tengo 84 años, sigo sintiendo, como ayer, que la vida es una aventura apasionante, sencillamente genial. ¿Por qué lo digo? El día 23 de julio, celebramos en Bolivia “El día de la Amistad”.
En el Proyecto Hombres Nuevos, iniciamos la fiesta con una Eucaristía. Jesús nos dejó claro que la Amistad es un tesoro, que se vive desde la libertad, con sentido de solidaridad. “Qué bueno y agradable es vivir los hermanos unidos”.
En la fiesta participaban bolivianos, los anfitriones, jóvenes voluntarios españoles de Lugo, Granada, Canarias, Palencia, País Vasco, Sevilla, Madrid, Toledo, Zaragoza, Valladolid, Ciudad Real, Burgos; y también voluntarios adultos, maestros y sabios.
La amistad y solidaridad, ejercida en el Proyecto boliviano Hombres Nuevos, la comida, la bebida, el coloquio no utilitario, la alegría, cuajó en un encuentro de fiesta, de regocijo compartido, de felicidad contagiosa, de diálogo generacional, de satisfacción generalizada.
Todo era bullicio, brotes de expresividad alegre, miradas complacidas, ojos abiertos, locuacidad reprimida, alborozo expansivo y palabras agradecidas de los que concluían su voluntariado, por haber palpado el dolor de la pobreza, la sonrisa agradecida de los niños, jóvenes, adultos y adultos mayores, por haber experimentado que el mundo que habitamos no es habitable para todos; y que todos podemos hacer algo para que a nadie le falte lo suficiente para vivir con dignidad.
El voluntariado adulto o juvenil, alegre y comprometido, bullanguero o silencioso, toca a todas las puertas para ser compañeros de camino del pobre. “Los dos sois compañeros de camino, ambos sois compañeros de ruta. El pobre camina agobiado, tú, rico, vas cargado, dale parte de tu carga. Dale al que necesita, parte de lo que a ti te pesa. Tú te alivias y a tu compañero le ayudas”, dice expresivamente San Agustín. Por todo ello, afirmo que la vida es una fiesta, a pesar de todo.
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