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"Trabajemos no por el pan que perece, sino por el Pan que da la vida eterna"
En la homilía de este XVIII Domingo del Tiempo Ordinario, Monseñor Carlos Castillo explicó que cuando compartimos el Pan del Señor en la Eucaristía, lo hacemos para renovar nuestra capacidad de abrirnos a los demás, compartir e incentivar la capacidad de la sutil solidaridad, abriéndonos a la creatividad del mismo Jesús que supo anunciar su Reino con gestos y signos capaces de penetrarnos: «Que al participar de la experiencia de compartir el Pan, podamos también auxiliar a nuestro pueblo en este momento, suscitando la imaginación, la prudencia, la entereza y la honradez en todos para resucitar nuestro Perú», dijo.
Junto a la comunidad Salesiana, el Arzobispo de Lima presidió la Celebración Eucarística en acción de gracias por el Centenario de la Basílica María Auxiliadora, ubicada en Breña. La ceremonia contó con la presencia de Monseñor Nicola Girasoli, Nuncio Apostólico en el Perú; Monseñor Lino Panizza, Obispo de la diócesis hermana de Carabayllo.
«Esta celebración por el el Centenario de la Basílica María Auxiliadora es un acto de retoma del sentido de las cosas, del sentido de por qué nosotros podemos pensar en vivir nuestra Iglesia como un signo del amor de Dios. Gracias hermanos salesianos y salesianas por haber hecho esta obra que es un signo de amistad tremendo y precioso. Muchas generaciones se han formado en vuestras obras de servicio y hemos podido tener experiencias bellísimas de personas que nos han asistido y nos han acompañado, como Don Bosco y Santo Domingo Savio, quienes acompañaron a los pobres y a los jóvenes de Turín», expresó el Arzobispo.
Comentando el Evangelio de Juan (6, 24-35), Monseñor Castillo explicó que el signo del Señor de darnos de comer el pan apunta a algo mucho más grande: «El Señor trata de ayudar a su pueblo que lo busca como rey y lo busca ansiosamente. Todos los pueblos necesitan una dirección y buscan ansiosamente tener una estabilidad. Y en esa búsqueda el Señor les hace recapacitar pensando en que las búsquedas desesperadas de comer a cualquier precio, de poseer a cualquier precio algo que dé seguridad, no es suficiente. Somos hijos de Dios creados a su imagen para participar de su amor. Y detrás de nuestros deseos, nuestras ansias, nuestras ambiciones inclusive e intereses, se esconde la búsqueda de Dios que es mucho más grande».
El Primado de la Iglesia peruana afirmó que el sentido de la ayuda y el servicio, el sentido de la caridad, no puede existir si es que no es realmente algo que se comparte: «Si sabemos acoger a Dios en nuestro corazón, podemos encontrar los medios para conseguir el pan en la tierra. Pero si no profundizamos en aquello que deseamos, nos hacemos un ídolo que finalmente nos sumerge en el hambre», indicó.
Monseñor Carlos señaló que los gestos gratuitos de caridad deben realizarse para incentivar en toda la gente la capacidad de la sutil solidaridad: «Digo sutil porque nosotros ahora tenemos un templo en donde compartimos la Eucaristía, pero venimos a compartir la Eucaristía justamente para ser plenamente personas. Y la Iglesia quiere un pueblo lleno de creatividad, de personalidad, de vida, de cariño, de relaciones pacíficas, de tratamiento, de formación, de capacidades desarrolladas a plenitud en toda la gente».
«¿Cómo puede haber pan en el mundo para solucionar el problema del hambre? Acogiendo el amor gratuito de Jesús para irradiarlo en la humanidad y hacer como dice la Virgen María, María Auxiliadora: “Derribó los potentados de sus tronos, encontró a los humildes, a los hambrientos los llenó de bienes y a los ricos los dejó con las manos vacías” – no porque les haya quitado la plata de los bolsillos, sino porque abrieron la mano, porque compartieron su ser con los demás, porque se equilibraron las cosas –.
Hoy día, en este momento difícil que vivimos, necesitamos comer el Pan del cielo que es Jesús para adquirir nosotros las características de Él y aprender a tratar las cosas con prudencia, con orden, con capacidad de apertura, de reconocimiento, saliendo de los sectarismos, de los enconos y abriendo el corazón», reflexionó el prelado.
«Somos hechos para lo sutil. Antonio Machado decía: ‘Yo amo a los mundos sutiles, impávidos y gentiles como pompas de jabón’. Esta belleza que tiene este templo nos hace no solamente compartir el pan, sino saber que estamos en un lugar en donde los salesianos y las salesianas quisieron que sintiéramos que somos acogidos, queridos», acotó Monseñor Carlos.
Necesitamos aprender de la belleza del amor de Cristo que en toda su desnudez y hondura, en toda su tragedia, nos mostró la belleza de su amor renunciando a presentarnos a un Dios que se venga de sus enemigos, quedándose en la Cruz por decisión libre, no por la fuerza de los clavos, sino por la infinita misericordia del Padre que Él nos quiso comunicar, para que no tuviéramos dudas de que, incluso en la peor adversidad, en la peor situación injusta y mortífera, Dios nunca nos abandona y siempre hay una esperanza que debemos buscar juntos y abrirnos a ella.
Por último, el Arzobispo de Lima pidió que nos unamos como peruanos para trabajar en los grandes desafíos de nuestro país: «demos gracias al Señor que nos pide que siempre trabajemos, no por el pan que perece, sino por el Pan que da la vida eterna, la vida sutil, la belleza y la apertura al mismo Señor que nos ama».
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