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El prelado compartió el tradicional Almuerzo de Navidad de la Comunidad de Sant’Egidio
Monseñor Carlos Castillo, Arzobispo de Lima, participó este 25 de diciembre del tradicional Almuerzo de Navidad con los Pobres que cada año organiza la Comunidad de Sant’Egidio, esta vez en el corazón de la capital limeña, en la Parroquia Nuestra Señora de Montserrat y San Sebastián: «Dios se hizo niño, y niño pobre, para que todos los pobres recobraran aliento y se dieran cuenta de que en el fondo, en el corazón de la vida humana, solo los pobres pueden ver las cosas de una manera distinta y pueden hacer posible un mundo distinto», comentó durante su homilía.
En el día de Navidad, mientras todas las familias se reunían en sus hogares para saludarse e intercambiar regalos, había una familia especial, pequeña y pobre que se congregó en el Centro de Lima para compartir la mesa. Al término de la Celebración Eucarística que presidió Monseñor Castillo, el templo de la Parroquia Nuestra Señora de Montserrat y San Sebastián se convirtió en un comedor para recibir a cientos de personas que duermen en las calles.
Los jóvenes de la Comunidad de Sant’Egidio junto a las Siervas del Plan de Dios atendieron a todos los asistentes con música en vivo y mucha alegría. En una de esas mesas también estaba el Arzobispo de Lima, escuchando las experiencias de aquellas personas que viven en pobreza, y como él bien indica: «muchas veces no queremos ver o nos ‘hacemos de la vista gorda'».
«Tenemos que hacer un cristianismo distinto – dijo en su homilía – porque en nuestra sociedad prima la indiferencia. Tenemos que hacer que toda la sociedad peruana aprenda a compartir, no solamente con limosnas».
Refiriéndose a la lectura de la Carta a los Hebreos (1,1-6) que dice «de muchas maneras nos habló Dios, pero en el último tiempo nos ha hablado por medio de su hijo», Monseñor Castillo explicó que «en nuestra fe Dios no es mudo, habla, se muestra y explica las cosas principales, habla por medio de los profetas, y siempre hay alguien que en nombre de Él nos anuncia y nos explica».
Y para explicar las cosas a través de los hechos, envía a su hijo que debía hacer algo importante: «elegir vivir entre los últimos de la tierra, las personas más marginadas y golpeadas, desde la pequeñez de la humanidad. No se trataba entonces que Dios hablara cualquier cosa, sino que hablara de aquellas cosas que nos permiten vivir y ser verdaderamente felices».
Dios se hizo niño, y niño pobre, para que todos los pobres recobraran aliento y se dieran cuenta de que en el fondo, en el corazón de la vida humana, solo los pobres pueden ver las cosas de una manera distinta y pueden hacer posible un mundo distinto
El Arzobispo de Lima explicó que Dios se hizo «niño, y niño pobre» para «enriquecernos con su pobreza», es decir, para que conociéramos la riqueza que tiene la pobreza: «evidentemente no se trata de que vivamos pobres toda la vida, porque nadie quiere ser pobre y nosotros no estamos llamados a vivir eternamente pobres – aclaró – estamos llamados a tener una condición humana digna».
Lo que se opone a la pobreza no es la riqueza, es la dignidad, y nosotros de la pobreza misma podemos aprender el camino de la dignidad humana.
Y dirigiéndose a la comunidad de San’t Egidio señaló: «Nos hemos reencontrado después de un tiempo, en especial porque ustedes son un grupo de jóvenes cristianos entusiastas bien definido que se está uniendo en favor de los pobres desde hace tiempo».
«Empezaron en Roma y después en todas las ciudades del mundo ¿Empezaron a buscar a quién? A los grupos de personas que viven en la calle, a cielo abierto, como nuestro Dios que nace también a cielo abierto porque no tenía posada», agregó.
«La Comunidad de San’t Egidio aprende de las experiencias compartidas con nuestros hermanos que viven en la calle, como nosotros aprendemos del Niño Jesús, contemplamos su misterio y aprendemos a salir un poco de nuestras comodidades, nuestros estilos, y empezamos a adquirir el rostro, la imaginación, el sentimiento, la manera de ser, las ideas que circulan entre los pobres», precisó el Arzobispo de Lima.
De igual manera, Jesús conocía muy bien las cosas y las situaciones que sólo los pobres saben: «Jesús sabía que el Reino de Dios se parece a una semilla que plantó un campesino en su huerto y creció y se formó árbol – acotó Monseñor Castillo – Jesús anunció que para poder ser verdaderamente feliz en el mundo, necesitamos escuchar la sabiduría de los pobres y él se hizo sabiduría para que nosotros entendiéramos las cosas de otra manera».
El Primado del Perú hizo un llamado a que todos podamos adquirir el punto de vista de los pobres para que «desde los pobres reine Dios», porque el Reino de Dios no es de este mundo, «reino de gente armada y poderosa, sino reino de amor y de justicia».
«Esta fiesta de la Navidad es para llenarnos de los mismos sentimientos que tuvo Jesús, tomar la condición y el camino de los pobres, el que siendo de condición divina se anonadó, se hizo esclavo, se hizo siervo y asumió la muerte, una muerte en cruz, una muerte en la solidaridad con quien sufre», subrayó.
Hoy es un día lindo porque vamos a intercambiar comiendo juntos, la alegría de ser hermanos en el camino de la esperanza para este mundo «Los cristianos no estamos para ‘hacernos de la vista gorda’, tenemos que enfrentar y ver los dolores de la gente y repararlo, sobre todo reparar quienes los cometen, pero si no lo hacen ellos lo tiene que hacer la Iglesia. Tenemos que ser una gran Iglesia que acoge y sane lo que este mundo quiere desperdiciar y marginar», concluyó.
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