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Alrededor de 50% de los 14 mil sacerdotes de México tienen a escondidas mujer e hijos
(Proceso).- Por considerarla una familia que mancha la imagen de la Iglesia, la arquidiócesis primada de México se niega a pagar pensión a la viuda y a los tres hijos de su sacerdote José Miguel Machorro Alcalá, quien murió en agosto de 2017, semanas después de ser apuñalado mientras oficiaba una misa en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.
Desde que agonizaba el padre Machorro, su mujer y sus hijos fueron desalojados de la casa parroquial del templo de San Agustín Zoquipa, de la Ciudad de México, donde el sacerdote era párroco y habitaba con su familia, la cual hoy quedó en el desamparo. Los cardenales Norberto Rivera Carrera y su sucesor, Carlos Aguiar Retes, los dos titulares de la arquidiócesis a quienes acudieron en busca de apoyo, no han querido recibirla.
Este caso revela una realidad que trata de encubrir la Conferencia del Episcopado Mexicano: alrededor de 50% de sus 14 mil sacerdotes tienen a escondidas mujer e hijos, rompiendo así el celibato sacerdotal, una norma disciplinaria de la Iglesia que, por cierto, actualmente se está debatiendo en el Vaticano.
La viuda de Machorro, Patricia León Acosta, de 50 años y quien hoy trabaja en una maquiladora para sostener a su familia, comenta con tristeza: “Mis tres hijos y yo hemos quedado en la desprotección. Para las autoridades eclesiásticas no existimos ni tenemos ningún derecho. Nos quieran ocultar, negar. Dicen que somos producto de un ‘error’. Pero lo cierto es que existimos y hoy estamos atravesando por una situación muy difícil”.
Su hijo mayor, Bryan Miguel Machorro León, un joven universitario de 24 años, la secunda: “Hemos tocado puertas en la arquidiócesis de México, pidiendo una pensión para mi madre. Pero nos rechazan diciendo que nosotros no tenemos por qué existir. Ni el cardenal Norberto Rivera ni el cardenal Carlos Aguiar Retes han querido recibirnos. Ellos hablan mucho dizque de la caridad cristiana. ¿Cuál caridad?… No la conocen, son unos hipócritas.
“Con la muerte de mi padre yo ahora me vi obligado a trabajar para concluir mis estudios en la universidad y ayudar en lo que pueda a mi familia. Estamos malviviendo mi madre y mis dos hermanos: Irving, de 18 años y quien tiene un problema de retraso, por lo que apenas puede hablar y requiere atención médica; y Harry, de apenas 14 años”.
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