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"La impunidad no puede volverse un paisaje"
La Iglesia católica en Colombia, a través de la Conferencia Episcopal y del arzobispo de Cali, condenaron con vehemencia los fatales atentados ocurridos este 21 de agosto en la ciudad de Cali y en el municipio de Amalfi (Antioquia), que dejaron un saldo de al menos 19 personas fallecidas —entre ellas seis civiles y trece miembros de la Policía Nacional— y más de 70 heridos.
Los obispos del país, en comunión con las comunidades cristiana, señalaron que estos actos de barbarie hieren profundamente a la nación y siembran dolor en los hogares colombianos. Hicieron llegar su cercanía espiritual a las familias de las víctimas y su apoyo a las comunidades afectadas, de manera especial a la arquidiócesis de Cali y a la diócesis de Santa Rosa de Osos, que han vivido de cerca el impacto de la violencia.
“Nos duele la pérdida de vidas humanas, nos duele el miedo y la incertidumbre, nos duele la descomposición social y ética que debilita el respeto a la dignidad de la vida”, señaló el arzobispo de Cali, monseñor Luis Fernando Rodríguez Velásquez, al referirse al momento que hoy se vive en la capital del Valle del Cauca.
Los obispos hicieron un llamado vehemente a las autoridades estatales a fortalecer las medidas de seguridad y a garantizar la protección integral de la población civil. Al tiempo que, exigieron que los responsables de estos actos criminales sean llevados ante la justicia. “la impunidad no puede volverse un paisaje”, aseguró monseñor Rodríguez.
Por su parte, la Conferencia Episcopal pidió también a los distintos actores de la violencia que siguen causando tanto dolor abandonar el camino de la muerte y optar por una ruta de reconciliación y respeto a la vida, aludiendo que solo la paz hace posible el verdadero desarrollo humano.
En medio de este panorama desolador, la Iglesia se unió al llamado del Papa León XIV, quien convocó este 22 de agosto a una jornada mundial de ayuno y oración por la paz. En la arquidiócesis de Cali, esta iniciativa se vivió con una eucaristía presidida por el arzobispo en la Catedral Metropolitana San Pedro Apóstol al mediodía, como un signo de esperanza y compromiso con la vida.
Finalmente, los obispos confiaron el futuro de Colombia al amparo maternal de la Virgen María, Reina de la Paz, instando a todos los ciudadanos a mantener viva la esperanza y a recorrer los caminos del perdón, la reconciliación y la justicia como salida real a la violencia que golpea a esta nación.
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