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El arzobispo argentino criticó el duro cuadro social y pidió consensos en la misa aniversario de la Revolución de Mayo
El arzobispo de Buenos Aires y primado de la Argentina, cardenal Mario Aurelio Poli, presidió este jueves el tradicional Tedeum en la Catedral Metropolitana, en conmemoración del 213° aniversario de la Revolución de Mayo.
Durante la celebración, expresó su preocupación por la pobreza infantil y lanzó una fuerte crítica contra los dirigentes políticos, muchos de los cuales estaban presentes en la Catedral Metropolitana.
Lo escuchó en primera fila el presidente Alberto Fernández, que llegó acompañado por buena parte de su gabinete. También el jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta, quien ingresó cuando la ceremonia ya había comenzado, y autoridades judiciales que participaron del histórico oficio religioso en conmemoración a la fecha patria.
“Cuando nos preparamos para celebrar el bicentenario de esta gesta matriz, recordamos que nuestra patria es un don de Dios confiado a nuestra libertad, como un regalo que debemos cuidar y perfeccionar. Podremos crecer sanamente como Nación si reafirmamos nuestra identidad común”, señaló el cardenal Poli en su último Tedeum como arzobispo de Buenos Aires.
Además, indicó que “cuando priman intereses particulares sobre el bien común, o cuando el afán de dominio se impone por encima del diálogo y la justicia, se menoscaba la dignidad de las personas, e indefectiblemente crece la pobreza en sus diversas manifestaciones”.
Posteriormente, Poli se dirigió a los políticos que competirán en las próximas elecciones y pidió no entrar en descalificaciones: “Alimentar la confrontación buscando culpables en el pasado o en el presente puede parecer el camino más fácil, pero el modo más sabio y oportuno de prevenirlas y abordarlas es procurar consensos a través del diálogo”.
Por eso, instó a quienes aspiran conducir la Nación a que “manifiesten su vocación de servicio y aprovechen sus palabras para hacer docencia democrática, con propuestas claras y realistas, sin descalificar a los que compiten; con un lenguaje nuevo que promueva la solidaridad y devuelva al pueblo la confianza y el deseo de participar en la construcción de un destino común”.
A su vez, se refirió a “la sensible desigualdad que existe en un amplio sector de la población más vulnerable” y alertó que “la educación, –uno de los derechos fundamentales de la infancia, y a mi entender, piedra basal de la democracia–, enfrenta graves desafíos. Ellos son el valioso presente, y en ellos –si atendemos sus necesidades–, es posible imaginarnos un porvenir venturoso para el país que todos deseamos”.
"Que los padecimientos de los que menos tienen no nos sean indiferentes"
Por último, llamó a “que los padecimientos de los que menos tienen no nos sean indiferentes” y animó a “mantenernos firmes en el compromiso por el bien común, sin excluir a nadie”.
“Que no abandonemos nunca el ideal de construir una Nación fraterna, donde la amistad social supere toda división, para que podamos convivir en justicia y solidaridad”, concluyó.
En una declaración que suele ser poco habitual en el tradicional discurso religioso, el presidente Alberto Fernández intervino en la ceremonia y se dirigió al arzobispo, a quien le expresó su acuerdo con sus palabras y reveló que muchas veces el “querido Papa Francisco estuvo ayudándome” en la gestión.
“Hoy lo hago público, porque siempre lo hizo en silencio. Nunca dejó de ayudar cuando la Argentina lo necesitaba”, reveló.
“Creo que tenemos que ser capaces de construir una convivencia democrática que nos falta. Que no hemos sabido construir en todo este tiempo”, remarcó, y concluyó: “Quiero rezar por el Papa, como él pide que recemos cada vez que hablamos con él. Quiero rezar por ustedes, por cada argentino y cada argentina, para que de una vez por todas podamos construir esa unidad de la que habló el cardenal, y para que podamos construir en unidad una sociedad más justa. Muchas gracias, y viva la patria”.
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