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La integrante de la Comisión de Migrantes de la Archidiócesis de México lamenta la muerte de Óscar y Valeria
Ni la trágica muerte del padre e hija salvadoreños que intentaban cruzar el Río Bravo ni las muchas otras muertes que ocurren en el territorio mexicano detendrán el flujo migratorio hacia los Estados Unidos.
De esto está segura la hermana Arlina Barral, de la Comisión de Migrantes de la Arquidiócesis de México, quien aseguró a Desde la fe que lo que experimenta en este momento la Iglesia Católica en el país no sólo es una profunda tristeza y lamentaciones, sino una impotencia
“porque el esfuerzo de los gobiernos y de las autoridades que tienen el poder de cambiar las políticas migratorias para el bien común, es nulo”.
Tras explicar que la muerte de migrantes en territorio nacional es un asunto que lleva muchos años, y ocurre a lo largo y ancho del país, la religiosa scalabriniana recuerda que desde que llegó a la ciudad de Tijuana en el año 2000, conoció muchos casos de muerte por ahogamiento en el Río Bravo.
“De hecho –apuntó– los cuerpos de las personas que mueren en el Río Bravo difícilmente se recuperan, pues la corriente los arrastra kilómetros y kilómetros, o de plano se hunden. En el desierto hay un poco más de probabilidades de recuperar los cuerpos, e incluso, de darles un entierro digno”.
Considera que pese a la trágica muerte, el pasado 24 de junio, de Óscar y Valeria Martínez, no tendría corazón para pedirle a los migrantes centroamericanos que no arriesguen su vida, “pues es sabido –dice– que en su país, la muerte está en su puerta”.
Pero además está segura de que el flujo no se va a detener.
“Con muros, con policías, con militares, no se va a detener la migración hasta que cambie la situación en los países de origen de donde vienen los migrantes y refugiados, pues allá no hay desarrollo socio-económico, político, cultural ni seguridad”.
La hermana Arlina es clara al describir la raíz del problema:
“Las muertes y tragedias de las personas migrantes son consecuencia de un sistema económico perverso, y hasta ahora no hay otro modelo o sistema para que los pobres se desarrollen, para que haya equidad en la riqueza, para que haya oportunidades de una vida digna y segura”.
En torno a la crisis humanitaria que vive el país a causa de la cantidad de migrantes que transitan por el territorio, detalló que la Iglesia mexicana, junto con algunas asociaciones civiles, no ha dejado de dar asistencia a estas personas. Destacó la labor de Cáritas Mexicana y de las hermanas scalabrinianas, sobre todo en la Diócesis de Tapachula. “Estamos muy rebasados, pero esto no significa que el apoyo se va a detener”.
Y sobre el reconocimiento que hizo el Papa Francisco este miércoles, destacando la hospitalidad de los mexicanos para con los migrantes, la religiosa consideró que la ayuda debe ir más allá, sobre todo por parte de la comunidad católica. Citó la instrucción del Papa Juan Pablo II Erga Migrantes Caritas Christi: “Los cristianos deben ser los promotores de una verdadera cultura de la acogida, que sepa apreciar los valores auténticamente humano de los demás, más allá de todas las dificultades que implica la convivencia con quienes son distintos de nosotros”.
Por último, Arlina Barral hizo votos para que la muerte de Óscar y Valeria Martínez mueva el corazón del presidente Trump a la conversión:
“Ojalá, ojalá… logren la conversión de su corazón, como un verdadero líder que aspira a bien común, y no con un líder ambicioso que sólo busca más riquezas y poder, dejando a los pobres más pobres, hasta morir”.
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