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Mensaje de Cuaresma de los obispos al país caribeño
(Vatican News).- El tiempo de Cuaresma, en este año jubilar, nos invita a vivir bajo el signo de la esperanza. «Por eso – se lee en un mensaje de los obispos de Haití – estamos llamados a hacer de esta Cuaresma una verdadera peregrinación espiritual hacia la Pascua de Cristo, fuente última de nuestra esperanza».
En el contexto particular de Haití, «vivimos este tiempo de Cuaresma como un verdadero camino de penitencia. Durante demasiado tiempo hemos sido testigos de un sufrimiento indecible marcado por el horror, la violencia, la tiranía de los grupos armados, ante la indiferencia o la impotencia de quienes deberían garantizar la justicia y la paz. Como el pueblo de Israel que huía de la opresión de Egipto – recuerdan los prelados haitianos – vivimos en un tiempo donde el mal parece desatado, donde la sangre de los inocentes clama al cielo».
Según el episcopado, «todo haitiano debe sentirse preocupado e indignado por la devastación a la que está siendo sometido el país, empezando por la destrucción sistemática y organizada de nuestras infraestructuras sanitarias (hospitales, farmacias, laboratorios médicos) y educativas (bibliotecas, escuelas, universidades), así como los ataques a la vida sagrada».
¿Qué decir del acto atroz de arrebatar violentamente a un niño de las manos de su madre y arrojarlo a las llamas ante los ojos horrorizados de esta pobre madre?
Los prelados están más convencidos que nunca de que los autores de tales atrocidades «deben ser juzgados y castigados sin demora». La magnitud del mal que nos acecha exige un profundo examen de conciencia. Quienes destruyen vidas y matan los sueños de tantas familias han perdido toda noción del bien y del mal». Para los prelados, «su existencia es también el reflejo de una sociedad enferma, minada por la injusticia, la corrupción y la pobreza».
De ahí que el episcopado se pregunte cómo es posible que estas personas «actúen con total impunidad e incluso parezcan estar protegidas. ¿De quién son las manos asesinas? ¿A sueldo de quién actúan en la realización de este proyecto de destrucción de nuestra querida patria? Aquellos que los ven actuar y que tienen el poder y la autoridad para ponerlos fuera de combate y no lo hacen – continúa el mensaje – se hacen cómplices de sus horrores. La Cuaresma nos llama a la conversión. Cada uno, a su nivel, debe preguntarse: ¿soy indiferente o el miedo me impide ser pacificador? ¿He contribuido, con mis opciones, a reforzar la injusticia que aflige al país? Nuestro pueblo, hoy perseguido y herido, puede encontrar en Cristo resucitado la fuerza para levantarse. Pero esto requiere un camino de fe, de solidaridad y de acciones concretas».
Por último, el mensaje insiste en la necesidad de construir, desde la fe y la justicia, «una sociedad en la que se respete la vida, en la que el derecho prevalezca sobre la fuerza bruta, en la que todos se sientan responsables del bien común».
En este momento difícil, los obispos exhortan «a todos los bautizados a hacer de esta Cuaresma un tiempo de compromiso espiritual concreto. En el ayuno y la oración, ante el mal que nos invade, debemos gritar a Dios con insistencia. Que nuestras iglesias se conviertan en lugares de súplica por la paz. Ayudemos concretamente a las víctimas, apoyemos a los que lo han perdido todo, organicemos acciones para socorrer a los más vulnerables. Intentemos – concluye el mensaje – ser el uno para el otro, la mano que se levanta, la voz que ayuda».
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