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El arzobispo de Buenos Aires presidió la misa de Navidad
En un clima de profunda alegría y comunión, el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, presidió, en la catedral metropolitana, la misa de Nochebuena y de la Natividad del Señor.
Frente a una multitud que se congregó para la celebración, el prelado destacó que "queremos ponernos delante del Niño, contemplarlo y dejarnos transformar profundamente por Él. Que la ternura del Niño transforme nuestros maltratos y descalificaciones diarias, porque entre nosotros muchas veces falta esa ternura".
"Queremos también que la fragilidad del Niño transforme nuestra omnipotencia, el creer que podemos todo y que podemos solos. La experiencia nos dice que no es así, que necesitamos ayuda, que quizá la palabra más valiente que podemos decir es justamente 'ayuda', porque es ahí cuando no nos resignamos a ser derrotados".
Además, subrayó: "Le pedimos también al Niño, contemplándolo, que su llanto transforme nuestra indiferencia, que su llanto nos despierte ante el dolor de los demás, que su llanto no nos deje acostumbrarnos a encontrarnos con hermanos que sufren en la calle, a jubilados que no llegan a fin de mes, o a personas que están enfermas y padecen sus cruces solos".
"Le pedimos también hoy al Niño, contemplándolo, que sus pañales transformen nuestro ropaje exterior y nuestras apariencias, tan pendientes del afuera, tan pendientes del tener. Hoy, el niño Dios se nos presenta con unos pocos pañales: que esos pañales transformen nuestro ropaje exterior", expresó.
El arzobispo porteño le pidió también "al Niño y a su Madre, a la Virgen, que el calor de los brazos maternales transforme también los vínculos que a veces tenemos entre nosotros, vínculos distantes, vínculos fríos. Por eso, le pedimos a los brazos maternales de María que, con el calor del amor que seguramente puso al alzar al niño, transforme nuestro frío, que tenemos a veces en los vínculos familiares o en los vínculos incluso con los seres queridos".
Para concluir, monseñor García Cuerva agregó que "la Navidad es una verdadera fiesta si tiene consecuencias, si nos dejamos transformar personal y socialmente. Por eso, antes de partir de Belén, Niño Jesús, un pedido más: se lo hacemos a tu Madre, le pedimos a María también que acueste al niño Jesús en el pesebre de nuestro país, que pueda acostar al niño Jesús en el pesebre que es nuestro pueblo, en el pesebre de los más pobres, en el pesebre de la indiferencia, en el pesebre de aquellos que tienen que tomar decisiones a favor de todos"
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