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Fallece la poeta guatemalteca Julia Esquivel, profetisa y mística

Poeta, líder religiosa, activista por los derechos humanos y educadora

Julia Esquivel nació en Guatemala en 1930. Teóloga y poeta. Su poesía está influenciada por la Teología de la Liberación, la cual se basa en la activa comunión entre la Iglesia Católica y los pobres.”

Participó en la fundación del Comité Pro Justicia y Paz de Guatemala. Personas cercanas a ella sufrieron tortura, desaparición o muerte, y ella misma estuvo dos veces a punto de ser secuestrada. En 1979 le advirtieron que el Ejército planeaba asesinarla. Tuvo que exiliarse

Recorrió Europa y Estados Unidos durante los años 80, sembrando conciencia sobre la tragedia de su pueblo. Se convirtió en activista de los derechos humanos y su voz fue escuchada ante la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas

Julia sufría en lo más hondo de su ser con su pueblo guatemalteco y volcaba su dolor en ternura y solidaridad

Julia Esquivel, profetisa y mística

Ha muerto a sus 89 años en Guatemala Julia Esquivel. De ella dijo Luis Cardoza y Aragón: “Julia es testigo de la tragedia de Guatemala y es ejemplo de fidelidad, de lealtad y de bondad. Julia nos ha enseñado a llevar nuestra tierra en el corazón. Julia viaja por el mundo, y no sale de los Evangelios ni tampoco de Guatemala”.

En compañía suya visité a Cardoza y Aragón en Coyoacán, México, en 1992. Su esposa, Lya, ya había muerto y el maestro había donado su gran biblioteca, con excepción de unos treinta libros, la mayoría de ellos franceses, según nos dijo. Enjuto, frágil y lúcido, conversamos de Picasso, a quién había conocido en Francia, y de Guatemala. Julia y él cultivaban una grande amistad.

Supe de Julia por primera vez en 1979, cuando le envié un artículo sobre Nicaragua para su revista Diálogo, que tuvo la gentileza de agradecerme personalmente en una carta. Diálogo fue una revista ecuménica (Julia misma era presbiteriana) que arrojó luz sobre la injusticia y las matanzas de Guatemala. Se publicó de 1970 a 1980.

Julia mantenía estrecho contacto con los indígenas, a quienes llevaba en su propia sangre: su rostro, como el de Asturias, parecía esculpido en una vasija maya. Participó entonces en la fundación del Comité Pro Justicia y Paz de Guatemala. Personas cercanas a ella sufrieron tortura, desaparición o muerte, y ella misma estuvo dos veces a punto de ser secuestrada. En 1979 le advirtieron que el Ejército planeaba asesinarla y tras la masacre en la Embajada de España el 31 de enero de 1980 salió al exilio.

Fue acogida por la comunidad monástica de Grandchamp, en Neuchatel, Suiza. Estas religiosas contemplativas de diversas confesiones y nacionalidades fueron su oasis; residió con ellas hasta 1987. Desde allí recorrió Europa y Estados Unidos durante los años 80, sembrando conciencia sobre la tragedia de su pueblo. Se convirtió en activista de los derechos humanos y su voz fue escuchada ante la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Por medio de ella hablaban los niños, los jóvenes, las mujeres, los indígenas y los campesinos guatemaltecos, a quienes había acompañado pastoralmente y con quienes convivió muy de cerca. Estrechó vínculos ecuménicos a través del Consejo Mundial de Iglesias y profundizó sus conocimientos teológicos en el Instituto Ecuménico de Bossey.

Libros de poemas

Julia sufría en lo más hondo de su ser con su pueblo guatemalteco y volcaba su dolor en ternura y solidaridad. Mujer de fe, intransigentemente honesta y sincera, encarnó las bienaventuranzas de Jesús: supo ser misericordiosa y constructora de paz. Su corazón, devorado por el hambre y la sed de justicia, la tornó profetisa y mística. Su ser, pleno de Dios, irradiaba gran dignidad; cuando hablaba, lo hacía con aplomo y sabiduría. Sabía escuchar y ante todo vibrar con el sufrimiento ajeno, especialmente de los pequeños y abandonados.

En una vieja carta suya fechada en México el 28 de septiembre de 1993 me decía: “Creo en la misericordia infinita de Dios (El Shaddai) y mi oración ha sido, “enséñame a perdonar como tú has perdonado”. He leído mucho y meditado aún más. El sentido de renunciar a “la familia” pequeño clan, para que sea posible seguir a Jesús sin trabas se me ha ido haciendo oscuridad brillante, noche luminosa, familia de Jesús y ahora, hasta ahora estoy saboreando profundamente esta soledad poblada de amor”.

Citando a Kierkegaard, Julia decía que la pureza está en desear una sola cosa. Una sola cosa que reduce a cenizas todas las demás. Y recordaba las palabras del salmista: “Comparado contigo, nada deseo en la tierra”. “Porque –añadía- esa única opción transforma la vida de tal manera que convierte la tierra en cielo, la aridez del desierto en fuente de agua que salta para la vida eterna; puebla nuestras soledades de comunión perfecta y en noches de boda”.

Julia vivió entre nosotros a fines de los 80 y residió después un tiempo en México antes de regresar a su patria en los años 90. Publicó varios libros de poesía: El Padrenuestro desde Guatemala y otros poemas (1981); Amenazado de resurrección (1982); Florecerás, Guatemala (1989); Algunos secretos del reino (1997). Sus poemas (qepd) fueron traducidos al francés, holandés, alemán e inglés y merecieron una tesis de Maestría en la Universidad de Auckland con el bello título: Guatemala, un quetzal herido: la poesía de Julia Esquivel (1997), por Marie E. Smith. La Universidad de Berna le otorgó el doctorado honoris causa en 1994.

Cardoza y Aragón expresó que la poesía de Julia no era sino un solo poema, un mismo poema en donde la oía sollozar su plegaria, estremecida de espanto y furia santa: “Esa perpetua oración ardiente es Julia en su poema… Siento en ella un amor inmenso, un dolor inmenso, una esperanza inmensa”.

La visité por última vez en su casa de La Colonia El Mirador en agosto del año pasado en Guatemala, tras muchos años sin vernos. La encontré más frágil que nunca, pero siempre alerta. Me convidó a almorzar y compartimos tantas cosas de nuestras vidas y países.

La Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala le confirió la Orden Juan José Gerardi en 2014 y Julia estremeció a la concurrencia cuando dijo:

“No nacemos humanos, nos hacemos humanos en la medida en que nos encontramos con los despreciados”
Poemas

Poemas de Julia Esquivel

No tengo miedo a la muerte

Yo no tengo miedo a la muerte.

Conozco muy bien

su corredor oscuro y frío

que conduce a la vida.

Tengo miedo de esta vida

que no surge de la muerte,

que paraliza las manos

y entorpece nuestra marcha.

Tengo miedo de mi miedo.

Y mucho más del miedo de los otros

que no saben para dónde van,

y continúan apegándose

a algo que creen que es la vida;

y que nosotros sabemos que es la muerte.

Vivo cada día para matar la muerte.

Muero cada día para parir la vida.

Y en esta muerte de la muerte

muero mil veces, y resucito otras tantas,

desde el amor que alimenta

de mi pueblo a la esperanza.

Cuando llegue la hora

Cuando llegue la hora,

cambiarás mi desierto en cascada,

ungirás mi cabeza con aceite fresco

y tu fuerza conquistará mi debilidad.

Conducirás mis pies sobre tus huellas

y caminaré por la senda angosta

que conduce a tu Casa.

Tú me dirás cuándo

y por dónde,

caminaré tu sendero

toda bañada de alegría.

Mientras tanto

te pido Señor, ¡qué animes

en lo íntimo de mi alma,

La Fiesta de la Vida!

¡La de la Tumba Vacía!

¡La de la Cruz Victoriosa!

Que tu voz de Jardinero

abra cada mañana mi oído

con la noticia siempre nueva:

“Ve y dile a mis hermanos

que he vencido a la muerte,

que hay lugar para todos

allá donde se forja La Patria Nueva.

Allá,

donde la tierra, el amor y la alegría

no se compran ni se venden,

donde el vino y la leche

se comparten sin dinero y sin precio,

allá, donde todos mis hermanos pequeñitos,

se sientan como príncipes

en LA MESA DEL PADRE.”

Repítemelo fuertemente cada noche,

que has vencido

al que confunde a este mundo.

Dime que no importa

cuán amarga sea la copa de la aflicción

para que cese ya de temblar el corazón;

para que este desierto del frío desarrollo

no congele la esperanza

de estrechar Tus Manos

junto al Fuego

que crece en la Montaña,

¡Tu pueblo es la Montaña!

¡Hazte fuerte

dentro de mí,

para que los mil pretextos

con que el corazón

quiere escapar

a lo esencial,

no me hagan olvidar

que en Tu Casa,

siempre hay VINO y PAN

y que Tu Casa, Señor,

es allí en donde

los humildes buscan la Justicia,

la que brillará en la Patria Nueva,

la que ya nos ilumina

con destellos

de Tu Reino!

Padre Nuestro desde Guatemala

Padre Nuestro,

Padre de los 119 campesinos asesinados en Panzós,

de sus viudas, de sus huérfanos.

Padre de aquellos 35 campesinos secuestrados

por los paracaidistas en Ixcán el 7 de julio de 1975,

de sus viudas y de sus huérfanos.

Padre de los 25 campesinos de Olopa, en Chiquimula,

que fueron ametrallados por los guardianes del “orden”,

cuyos cadáveres fueron comidos por los perros y los zopilotes,

de sus viudas y de sus huérfanos.

Padre de los niños inocentes del Rodeo, Amatillo, Agua Blanca,

y otras comunidades, sacrificadas

para lograr que sus familias huyeran

y así desalojarlos de su tierra

para meter ganado

y poder así exportar carne al Mundo “Desarrollado”.

Padre de la Rosa C… que se quedó sola con seis niños,

después que el ejército secuestró a su marido,

a su hijo de 21 años y después al de 19

porque averiguaban en dónde estaba su papá…

Padre de las mujeres de San Juan Cotzal, Chajul, Nebaj, Uspantán,

que se han quedado solas.

Padre de todos los torturados, de todos los angustiados,

de los que se andan escondiendo en las cuevas,

en el monte, en la selva

y que ya no pueden volver a ver a sus mujeres,

ni a sus hijos por causa de la represión y del terror militar…

Padre de todos los trabajadores del Ingenio Aztra en el Ecuador,

que fueron lanzados por los policías al horno ardiente

por el delito de pedir condiciones humanas de trabajo.

Padre de los desaparecidos, de los encarcelados, de los exiliados

en el Uruguay, en Chile, en El Salvador, en Bolivia, en Paraguay…

Padre Nuestro que estás entre los millones de gente hambrienta

de los pueblos del Tercer Mundo.

Padre Nuestro que estás en la vida

de todos los hombres que buscan justicia

porque aman a sus hermanos

y que te sirven,

sirviendo y luchando

con los que no tienen techo, comida, ropa ni medicinas.

Padre Nuestro que estás aquí en la tierra

y cuyo nombre es tomado en vano

por pastores indignos que guardan silencio

y colaboran gustosos con aquellos

que fabrican políticas de “derechos humanos”

para continuar destruyendo tu Imagen

en el hombre empobrecido, explotado y perseguido

por ellos mismos en aras del Dios Capital…

Padre Nuestro, tu nombre es tomado en vano

cuando te conciben como a un dios chiquito

y por eso inventan leyes de Seguridad Nacional,

seguridad que los pobres, las aves del cielo

y los lirios del campo no conocen.

Leyes que dan poder a los tiranos como Pinochet, Videla,

Bordaberry, Stroessner y otros…

Cuando andan diciendo que eres un diocesito “anticomunista”

que necesitas aviones y tanques para aplastar a los pueblos

que quieren forjar su propia historia

porque en el fondo anhelan que venga tu reino.

Cuando siguen los pasos del Faraón

y esterilizan a millones de mujeres,

proclamando un mundo más cómodo para el hombre del futuro.

Cuando se proponen sofocar el hambre de Justicia

dándonos regalos de lo que sobra en otros mundos.

Tu nombre es santificado,

en todos los que defienden la vida del pobre,

por encima del dinero, del café, del algodón, de la caña de azúcar,

de los partidos políticos, de las leyes,

y de los intereses de las Compañías Trasnacionales…

En los pobres y humildes

que todavía tienen fe y esperanza en ti

y por eso se organizan y luchan

para que se respete su dignidad.

En todos aquéllos que trabajan día y noche

por sacar a sus hermanos del analfabetismo,

la enfermedad, la explotación y la persecución…

En las muertes de tus santos,

Rutilio Grande, Hermógenes López,

Mario Mujía, Mario López Larrave,

y de los miles de hijos tuyos

que por amor a sus hermanos

y respeto a la vida de tus pobres

fueron torturados y asesinados,

como hicieron con tu Hijo,

nuestro Hermano, Jesucristo.

Que venga tu Reino,

Tu Reino que es Libertad y Amor,

que es Fraternidad y Justicia,

que es Derecho y Vida,

que es Verdad y no mentira.

Tu Reino que acaba

todo lo que destruye la Vida en el mundo,

Tu Reino que quema

todo aquello que hace que los hombres

vivan como animales.

Tu Reino que no hace transacciones

con los intereses de quienes hacen trabajar

como bestias a los pobres,

ni con quienes instituyen la violencia

en la estructura jurídica,

en la estructura judicial,

en la estructura educativa,

en la estructura económica,

aprobadas ahora por hombres

que se dicen cristianos.

Tu Reino que acaba con aquello que hace que el hombre

se convierta en máquina y su vida en mercancía.

Tu Reino, que acaba con todo aquello que hace que el hombre

se convierta en esclavo de sí mismo y de los otros.

Sí Señor, que venga tu Reino,

porque cuando tu Reino viene:

Salimos de nuestro egoísmo

y buscamos para los demás,

lo que queremos para nosotros mismos;

el pueblo une sus esfuerzos

y se van encontrando caminos de esperanza;

hay tierra para todos los campesinos

y no sólo para unos pocos finqueros,

hay educación para todos los marginados;

las leyes no impiden sutilmente la realización plena del pobre

y de sus organizaciones,

sino la facilitan y apoyan.

La tierra es cultivada para producir alimentos para el pueblo

y no sólo para productos de exportación

para enriquecer más a los que ya tienen demasiado

y seguir empobreciendo a los que no tienen nada;

las fuentes de producción son propiedad del pueblo

y para beneficio de la mayoría;

las iglesias abandonan las estructuras de poder y de dominio

y se convierten en fuente de vida y de servicio para todos los hombres.

Que se haga tu voluntad

y no la de aquellos que quieren arrebatarte tu puesto

y usurpan tu lugar para dominar, explotar, destruir, masacrar

y acumular capital esclavizando a los pueblos;

y no la de aquellos que fabrican economías Trilaterales

a costa de la vida, del aire, del agua,

y de los recursos vitales del Tercer Mundo.

Que se haga tu voluntad, Señor,

que es quebrantar todo yugo que oprime al hombre,

tu voluntad que es Proclamación del Evangelio de los pobres,

consuelo de los afligidos,

libertad a los presos y fuerza a los torturados,

liberación y vida a los que padecen violencia.

Danos hoy nuestro pan de cada día:

el pan de una verdadera libertad de prensa,

el pan de libertad de asociación y organización,

el pan de poder estar en la casa y en la calle

sin que nos secuestren,

el pan de no tener que estar buscando en dónde escondernos,

el pan de poder salir a la calle

sin ver ametralladoras y pelotones modelo,

el pan de la igualdad,

el pan de la alegría,

y que el pan de la Dignidad Humana

no nos sea arrebatado por los coyotes

entre los que caminamos como ovejas al matadero.

Que el pan de tu Palabra y el pan de la educación

llegue a nuestros ranchos de caña y paja,

a nuestras casas de cartón,

al morral del bastimento mientras vamos por el camino.

El pan de los títulos de tierra a todos los campesinos,

el pan de la vivienda,

a todos los asentamientos humanos de la capital,

el pan de la leche a todos los niños menores de dos años

que padecen desnutrición y hambre,

el pan de la asistencia médica

a los que están en el campo,

el pan de la tierra

a los miles de campesinos arrendantes

que viven bajo el yugo de los intereses

y caprichos del patrón

en las fiestas de Chimaltenengo, todo el altiplano,

la costa y ahora también en la Franja Transversal del Norte

invadida por las transnacionales y los generales…

Y perdónanos, Señor,

por no saber compartir el pan

que tú nos has dado,

así como nosotros perdonamos

a los que nos han arrebatado lo tuyo

que es nuestro.

Perdónanos por apartarnos de nuestros hermanos,

perdónanos, Señor, por la falta de fe y de valor

que nos impiden entregarnos como hostias vivas

para hacer tu voluntad,

que es tomar de lo tuyo,

para compartirlo entre todos ahora mismo.

Perdónanos cuando por miedo

guardamos silencio

y no decimos lo que tú quieres que digamos.

Perdona y destruye

los reinos pequeñitos y forcejeos inútiles

entre nosotros mismos,

que retardan y obstaculizan la marcha victoriosa

hacia la Nueva Alborada…

No nos dejes caer en tentación:

de conformarnos a los patrones de este mundo

y perder la claridad de visión

que quieres que tengamos;

del aislamiento

de creer que ya no se puede hacer nada

o de buscar sectariamente nuestro propio desarrollo.

No nos dejes caer en la tentación de pensar

que podremos servirte a ti y al dinero.

De buscar modelos y de importar soluciones

prefabricadas de liberación…

Más líbranos del Malo:

que nos acecha desde los carros Toyota

para quitarnos la vida física,

o desde los tele-objetivos

para poder reconocernos

cuando manifestamos en la calle.

Manifestado en las “orejas”

que se meten en nuestras comunidades

y en nuestras iglesias

para después sentenciarnos

a través del Ejército Secreto Anticomunista

o del Escuadrón de la Muerte.

De las asociaciones de Padres de Familia fantasmas

o de Los Amigos del País

tras de las cuales hay intenciones

de distorsionar nuestras palabras y difamar nuestras vidas

a través de la calumnia, la amenaza o la acusación indigna…

Que trabaja en la oscuridad de la noche

arrebatando a los hijos de la luz

y dejando a sus familias desamparadas

como ha pasado tantas veces en el Quiché,

en Chiquimula o en Ixcán…

Líbranos del malo uniformado o de civil,

líbranos del malo que camina con carteras diplomáticas,

y Señor:

Líbranos del mal,

que desde el fondo de nosotros mismos,

nos invita a vivir nuestra vida

guardándola para nosotros mismos,

cuando tú nos invitas a darla por nuestros amigos.

Porque tuyo es el Reino

y de ningún otro que quiera arrebatarlo.

tuyo el poder

y no de ninguna estructura ni organización,

y la gloria es tuya,

porque tú eres el único Dios y Padre

por siempre, amén.

Guatemala, junio de 1979

Fallece Julia Esquivel

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