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Convencidos de que es la paz lo que anhela el pueblo colombiano
En la asamblea plenaria extraordinaria de noviembre de 2017, cuando se reunieron los obispos para profundizar y aplicar el Magisterio del Papa Francisco con ocasión de su reciente visita a Colombia, se aprobó por unanimidad el “Día Nacional por la Reconciliación”, para que se desarrollara el 3 de mayo de cada año en la celebración de la fiesta de la “Exaltación de la Santa Cruz”.
Hoy, ante los hechos que agobian al país, los obispos de Colombia insisten en la necesidad de seguir orando por nuestra patria y de manera especial por la reconciliación, que se convierte en el camino principal para unir fuerzas en medio de las adversidades y alcanzar así la paz que tanto anhela y por la que tanto ha luchado el pueblo colombiano.
Valga este día para recordar el gran “Encuentro de Oración por la Reconciliación Nacional” que tuvo lugar en Villavicencio, el 8 de septiembre de 2017. Allí, el Santo Padre exclamó en su discurso: “Colombia, abre tu corazón de pueblo de Dios, déjate reconciliar. No le temas a la verdad ni a la justicia. Queridos colombianos, no tengan miedo a pedir y a ofrecer el perdón. No se resistan a la reconciliación para acercarse, reencontrarse como hermanos y superar las enemistades. Es hora de sanar heridas, de tender puentes, de limar diferencias. Es la hora para desactivar los odios, y renunciar a las venganzas, y abrirse a la convivencia basada en la justicia, en la verdad y en la creación de una verdadera cultura del encuentro fraterno. Que podamos habitar en armonía y fraternidad, como desea el Señor”.
Desde aquel primer Día de la Reconciliación, en 2018, se mantienen vigentes las cuatro claves propuestas por la Conferencia Episcopal de Colombia para vivir de forma activa esta jornada. Ellas son:
1. Tenemos necesidad de reconciliación.
2. No nos cansemos de orar por la reconciliación.
3. Hagamos un compromiso serio de reconciliación.
4. Cultivemos, cuidemos y promovamos los valores que nos disponen a vivir la reconciliación.
Se espera que la Comisión Humanitaria convoque y acompañe a los manifestantes para generar procesos que permitan garantizar corredores humanitarios de emergencia, de salud y de alimentos, etc.; así mismo propender por llegar a puntos de acuerdo que permitan una manifestación que siga reivindicando sus propios derechos y que al mismo tiempo cuide y proteja a la sociedad que pretende defender.
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