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Los movimientos populares argentinos rezaron por el Papa
“Amor con amor se paga”. Esta frase sintetizó a quienes se sienten vinculados afectivamente con el Papa Francisco y que el viernes 7, a la noche, peregrinaron algunas cuadras hasta la plaza de mayo, centro político de la Argentina en Buenos Aires.
Encabezados por los llamados cartoneros (recicladores callejeros), quienes colocaron sus carros delante del altar de la Catedral, completaron los primeros lugares los referentes de los movimientos populares (Fernanda Miño, Sergio Sánchez, Emilio Pérsico, Juan Grabois, Dina Sánchez, entre otros), como sacerdotes de las villas, como Lorenzo “Toto” Vedia de la villa 21/24, o Carlos “Charly” Olivero de Villa Palito, que en breve se instalará en Colombia para trabajar en la coordinación de Red de Comunidades Organizadas (RECOR) del CELAM, o el fundador de Scholas Ocurrentes, Enrique Palmeyro.
También se sumaron a la peregrinación y rezo algunos secretarios generales (Juan Carlos Scmidt y Carla Gaudensi), dirigentes sindicales (Maia Volcovinsky) y delegados, como intendentas del conurbano bonaerense (Mariel Fernández de Moreno y Mayra Mendoza de Quilmes), diputados nacionales (Paula Penacca, Itai Hagman, Natalia Zaracho y Eduardo Valdés), artistas, Daniel Santoro, y el concejal de la Virgen, Marcelo “Bombín” Ibarra.
Fue el sacerdote rector de la Catedral, Alejandro Russo, quien recibió a los peregrinos e inició el rezo de un Ave María por la salud de Jorge Mario Bergoglio. Antes había autorizado a un grupo de peregrinos de Misioneros de Francisco dejar a los pies del altar una imagen de la Virgen de Luján, patrona de la Argentina, junto a su fiel primer devoto, el Negro Manuel, que llevaban la frase “Fratelli Tutti”, hermanos todos, y una estampita foto del Papa.
Al finalizar el rezo se escuchó un aplauso que inundó la Catedral que se potenció con el canto al unísono y a capela “Francisco, Francisco, Francisco” que le siguió “Francisco querido el pueblo está contigo”. Luego Russo inició un Padre Nuestro e invitó a volver a los hogares con la esperanza y alegría de que “el Papa va seguir iluminando la iglesia”.
Entre los trabajadores de la economía popular había no sólo católicos, también evangélicos, de otras creencias, como ateos o agnósticos militantes políticos. Muchos que nunca habían ingresado a la Catedral porteña como Johnny, un militante del barrio de La Boca en sillas de ruedas, impactado con el templo de donde salió hace casi 12 años Bergoglio para universalizarse en el primer Pontífice del continente americano, el primero argentino, el primero jesuita y el primero en llamarse como el santo de los pobres y la naturaleza.
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