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El cardenal de Lima reclama "asumir nuestra misión de ser servidores"
«Renunciar al cálculo egoísta y seguir al Señor a través de un camino de servicio, fidelidad y discernimiento, cargando con la cruz de las situaciones difíciles». Es el mensaje de exhortación que nos ha dejado el Cardenal Carlos Castillo en su reflexión dominical.
El Primado del Perú hizo un fuerte llamado a «no dejarnos ganar por la superficialidad y el apuro que lleva a destruir las exigencias, los derechos humanos y los derechos de la tierra que tenemos todos los humanos para obedecer y no violar».
El arzobispo de Lima presidió una emotiva Eucaristía junto a los miembros del GEIN, los niños y niñas de la Hermandad del Señor de los Milagros, la Hermandad de la Virgen de Cocharcas y el Movimiento Laudato Si’. Todos reunidos para meditar en torno a las palabras que el Señor pronuncia en el Evangelio de Lucas (14, 27): «El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo»
¿Qué significan estas palabras? El Cardenal Castillo sostuvo que el Señor nos invita a una experiencia de fe dinámica que va comprendiendo el sentido del amor que Él nos trae, y que consiste en ser capaces de dar nuestra vida por los demás. Y añadió:
«A veces, pensamos que el cristianismo es, básicamente, un llamado a salvar el alma y, por lo tanto, hacemos nuestras devociones, nos encomendamos, no hacemos nada por los demás y esperamos que nuestra alma llegue al cielo. Mucho cuidado porque el cristianismo siempre pasa por los demás. Si no tenemos en cuenta a los demás, es difícil que lleguemos al cielo», advirtió.
El Prelado recordó que «seguir al Señor es caminar en el amor», lo que implica ver más allá de lo superficial y colocar en el centro lo que realmente es importante: asumir nuestra misión de ser servidores. No es un desafío sencillo, supone también renunciar al cálculo de nuestras ambiciones personales y egoísmos. Pero hay un segundo cálculo que también debemos hacer: «ponderar las decisiones y despojarnos de nuestros intereses para servir a los demás».
El mejor cálculo para seguir al Señor es renunciar a sacar réditos propios. Esto es una aventura muy profunda porque todos tenemos que pensarlo en nuestra vida. Todos tenemos que pensar qué cosas estamos dispuestos a dejar por un bien mayor.
El arzobispo de Lima explicó que la verdadera sabiduría del ser humano no radica en el conocimiento calculador, sino en «saborear» la realidad y las situaciones complejas con profundidad; es decir, «sentir hondamente lo que venimos ocurriendo para entender cómo podemos lograr una salida; es un «leer dentro de nuestra historia, mirar la historia de los demás y dejar de vivir en la mentira que fabricamos».
Al iniciarse el Tiempo de la Creación, el arzobispo de Lima aseguró que estamos llamados a comprometernos hondamente en la defensa y el cuidado de la Casa Común, por lo que es necesario una transformación de toda actitud humana de desprecio y explotación a la creación:
«En este mundo de tanta tecnología, nos hemos dedicado a construir tantos armamentos y formas brutales de tratar a la creación. Nos hemos dedicado a inventar cosas que desechan y destruyen nuestra Casa Común. Aquí también ha faltado sabiduría», apuntó.
A la luz de la fuerza de la Palabra del Señor, con imaginación y esperanza, intentemos resolver nuestros problemas sin apurarnos.
En el domingo XXIII del Tiempo Ordinario, la Catedral de Lima acogió a los miembros del Grupo Especial de Inteligencia del Perú (GEIN), al cumplirse 33 años de la histórica captura de Abimael Guzmán. Dirigiéndose a ellos, agregó: «Ustedes nos salvaron a través de su inteligencia profunda y sabia. En una situación dramática y terrible, ustedes pusieron el dedo en la llaga sin disparar un tiro. Ese es un acto de sabiduría, de confianza en que las cosas se resuelven con inteligencia verdadera», precisó.
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