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El Prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales en la Misa de Acción de Gracias por la canonización del salesiano
(Vatican News).- “Ojalá que Zatti despierte en todos lo mejor que le puede pasar a una persona: “ser Santo”: fue el deseo expresado por el Cardenal Leonardo Sandri, Prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales con ocasión de la Celebración Eucarística de Acción de Gracias por la Canonización del laico y cooperador salesiano Artémides Zatti, que tuvo lugar en la Iglesia Nacional de Argentina de Roma, este 10 de octubre por la mañana.
La liturgia, presidida por el Prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales y organizada junto con la Embajada de Argentina ante la Santa Sede y el rector de la iglesia argentina en Roma, contó con la presencia de numerosos obispos, sacerdotes y religiosos, así como de peregrinos laicos llegados a Roma desde Argentina para la ocasión.
“Cada Celebración Eucarística es la participación a la acción de gracias de Jesús al Padre que ofrece su vida por la salvación del mundo” y hoy es “también la ocasión propicia - afirmó el cardenal - para presentar nuestra gratitud al Señor por nuestra patria, Argentina, por Italia y por la Congregación Salesiana ya que este hermano nuestro fue elevado ayer por el Papa Francisco a los honores de los altares: ¡Artémides Zatti es Santo!”
Un santo “cercano”, fue la definición de Sandri, porque “su historia, al menos el inicio, es similar a la de muchos de nosotros, incluida la familia del Santo Padre y la mía”, ya que salió de Italia y se embarcó como emigrante hacia Argentina, instalándose en Bahía Blanca.
“Es significativo que, por designio de la Divina Providencia, fuese canonizado junto al apóstol de los migrantes, San Juan Bautista Scalabrini: dos hombres de Dios que en diferentes contextos supieron “ver” a los hermanos a su alrededor y participar de la compasión del Señor, el Buen Pastor, hacia cada uno de ellos y sus necesidades internas y externas”
Remitiéndose a las palabras del Papa en la misa de canonización, el purpurado recordó la definición que dio el pontífice al enfermero ítalo-argentino : “Un santo ejemplo viviente de gratitud”.
Enfermo de tuberculosis, el santo "pariente de todos los pobres" como era llamado, hizo voto a María Auxiliadora de que si se curaba consagraría su vida al cuidado de los enfermos, “una promesa que mantuvo hasta el último momento de su existencia. En efecto, la razón de su existencia fue la caridad”, recordó Sandri y añadió:
“San Artémides no fue pues hijo de un determinado programa político o gremial, de una ideología o de una visión laica asistencialista. Él nunca negó estos ámbitos de la caridad, por el contrario, sin embargo, intentó llegar a la raíz de las relaciones entre los hombres: ser destinatarios del cuidado de Dios, Padre de todos y llegar a ser signo de su luz”
A continuación, el Prefecto del Dicasterio para las Iglesias Orientales hizo hincapié en el testimonio del nuevo santo, evidenciando que antes de ser un “sanador”, Zatti se reconoció a sí mismo como una persona curada, viviéndolo en profundidad y con plena gratitud. “Su testimonio y la luz que reflejaba su mirada eran capaces de desarmar hasta a los más escépticos e incrédulos”, aseguró.
"Notamos también en sus acciones el eco del pasaje del Evangelio de Lucas que acabamos de escuchar, el del Buen Samaritano", añade a continuación el cardenal Sandri, y hace notar:
“Lo que importa, sin embargo, hoy y siempre, es por lo menos no ocultar la luz de aquellos que, sin perderse en juicios y oposiciones, se dedican a responder al mal con el bien, amando y sirviendo, haciendo visible y experimentable la misericordia del Señor con hechos y gestos concretos hacia los que sufren y están necesitados. Exactamente eso hace el Buen Samaritano, un extranjero que, a razón de la mentalidad de la época, era considerado un hereje que había sido excluido de la promesa del Señor a Abraham. Sin embargo, es él el único que, entre los pasantes, se inclina a sanar a los heridos, derramando sobre sus heridas el aceite de la consolación y el vino de la alegría evangélica”
“Cómo no recordar el episodio citado ayer por el Papa Francisco, según el cual se dice que alguien vio a san Artémides Zatti cargando sobre sus hombros el cadáver de uno de sus asistentes”, recordó también el purpurado y pidió:
“Que su intercesión nos guíe e inspire a cada uno de nosotros en el cumplimiento de la misión diaria que se nos pide. Pidamos ser capaces de agradecer el don de la vida, oremos por todos los salesianos, especialmente los hermanos coadjutores, y también por los médicos y enfermeras para que sepan cuidar a los enfermos con la misma humildad y disponibilidad sin fronteras”
“La existencia de san Artémides Zatti – subrayó finalmente el cardenal Sandri - fue la de una santidad heroica en la vida cotidiana, “al lado de nuestra puerta” como le gusta decir al Papa Francisco, de una bondad genuina y contagiosa, sin provecho y sin interés y por tanto fecunda”.
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