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El purpurado hizo un llamado a la unidad nacional y al fin de la violencia
La Catedral Primada de Bogotá fue escenario de una conmovedora y multitudinaria eucaristía en honor al senador y precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, fallecido el pasado 11 de agosto en la Clínica Santa Fe, dos meses después de sufrir un atentado en la capital durante un evento de campaña.
La ceremonia que reunió a expresidentes, congresistas y familiares, fue presidida por el cardenal Luis José Rueda Aparicio, arzobispo de Bogotá y primado de Colombia, quien en su homilía hizo un llamado urgente a la unidad nacional, al respeto mutuo y a la defensa de la vida frente a la violencia que enluta hoy al país.
En su mensaje, el cardenal expresó cercanía a la familia del senador —su padre, hermana, esposa, hijo e hijas— y a todos sus allegados, implorando a Dios fortaleza y consuelo en este momento de “desierto y oscuridad”. Haciendo eco del mensaje de la Conferencia Episcopal de Colombia, exhortó a “no dejarnos robar la esperanza y a reaccionar pacíficamente, defendiendo los principios y valores que nos constituyen como nación”.
Igualmente, inspirado en el pasaje evangélico de las bodas de Caná, el primado de Colombia recordó la valentía de la Virgen María para afrontar las crisis, comparando la ausencia de vino en la fiesta con la “tinaja vacía” que deja en las familias la violencia. Instó a llenar nuevamente la vida nacional con el “vino nuevo” de la paz y la justicia.
Foto: Arquidiócesis de Bogotá
El purpurado hizo ver que el egoísmo y la polarización han enfermado las relaciones sociales y generando un “empobrecimiento ético” que exige un cambio urgente. Citando al Papa León XIV, destacó la necesidad de sembrar “semillas de paz y de esperanza” que germinen plenamente incluso en los lugares más adversos.
Afirmó que María de Nazaret sigue siendo modelo de fidelidad y fortaleza, y que Colombia está llamada a imitar su coraje, a educar a las nuevas generaciones en valores, y a reconstruirse a través del perdón.
El cardenal agradeció a la familia de Uribe Turbay, en especial a su esposa María Claudia Tarazona, por el testimonio de fe mostrado en medio del dolor que lleva dentro. Igualmente, manifestó gratitud a los médicos, a las familias que defienden la vida y a quienes, desde el silencio, oran por la paz del país.
Hizo un llamado urgente a los colombianos a comprometerse con el bien común, a no ceder ante la “anticultura de muerte” y a trabajar unidos para que un día “la patria despierte con la noticia del triunfo de la justicia y la paz”. Con palabras del Salmo 27, concluyó: “Sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor”.
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