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"El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio" ha expresado el cardenal Marc Ouellet, iniciando su intervención con el discurso que pronunció el Papa Francisco con motivo de la conmemoración del 50º aniversario de la institución del Sínodo de los Obispos, celebrado en octubre de 2015. Un camino de reflexión teológica y pastoral – ofrecido por el cardenal al episcopado latinoamericano – para luego solicitar una conciencia de la urgencia de la Iglesia contemporánea de sentir y vivir sinodalidad "en la lógica de la fe en el llamado de Dios a su pueblo".
“La sinodalidad – ha observado el Prefecto de la Congregación de los Obispos – no significa organización sino la comunión íntima con Dios, que se traduce en un testimonio visible”, como enseña el Papa Francisco, de “una elección que no es solamente de estilo sino de sustancia”, que pide a toda la Iglesia “una conversión misionera”, “involucrando a todos en dar testimonio del Evangelio”. "Obviamente – ha explicado el cardenal Ouellet – los obispos permanecen en el centro de la Iglesia sinodal”, “pero se les insta a hacer un esfuerzo para transformar la actividad pastoral en clave sinodal”.
“No se trata – ha continuado – solo de consultar más adecuadamente al pueblo de Dios, sino de reconocerlo habitado por la presencia del Espíritu en la raíz de su fe, configurando así su pertenencia ontológico-sacramental al Cuerpo de Cristo”. “La dimensión operativa de la sinodalidad es significativa en la medida en que se camina en la fe, siguiendo el Evangelio, yendo al encuentro de las varias culturas con un dinamismo evangelizador, sin dejarse homologar a la mentalidad y a las ideologías mundanas”.
El purpurado después se centró en el “profundo vínculo” entre el concepto de sinodalidad y colegialidad; de hecho, la sinodalidad eclesial se manifiesta y se realiza a través del ministerio de los obispos. Pero si la Iglesia universal - continúa – no es “ni la suma de las Iglesias particulares ni una federación de Iglesias particulares”; “tampoco el resultado de su comunión”. La Iglesia Universal es, por tanto, “una realidad que precede” y del mismo modo, puntualiza, “el Colegio episcopal no es la suma de los obispos responsables de las Iglesias particulares, ni el resultado de su comunión, sino que es un elemento esencial en la Iglesia universal, que precede a cada Iglesia particular.”
Mirando el contexto latinoamericano, el cardenal Oullet invitó a sus obispos a superar algunos paradigmas aún "muy presentes en la cultura eclesiástica", y se lamentó de la Comisión Teológica Internacional, que en un estudio sobre la sinodalidad en la vida y misión de la Iglesia, publicado en marzo de 2018, señala: “la concentración de la responsabilidad de la misión en el ministerio de los Pastores; el insuficiente aprecio de la vida consagrada y de los dones carismáticos; la escasa valoración de la aportación específica y cualificada, en su ámbito de competencia, de los fieles laicos y dentro de ellos, de las mujeres”.
De ahí el deseo del Cardenal Ouellet de una "participación más decisiva y significativa de los laicos en la vida pública", llevando a cabo "con determinación el diálogo entre pastores y políticos, a través de reuniones y diálogos a varios niveles", que pueden ofrecer una capacitación adecuada a los cristianos comprometidos en la vida pública. Además, aseguró que "es legítimo" aceptar la iniciativa de una formación de líderes católicos que se está extendiendo con entusiasmo en el continente después de una reunión muy estimulante en Roma, "con una amplia y calificada participación de personalidades masculinas y femeninas".
“América Latina – destacó fuertemente el cardenal Ouellet – necesita una sinodalidad con las mujeres, es decir, una revisión radical de la situación de la condición femenina en el continente, para dar un salto cualitativo que cambie la mentalidad machista, que luche por combatir la violencia sufrida por las mujeres, la explotación y la pobreza que se suma al abuso y al abandono”. “Esta prioridad – ha dicho – es mucho más necesaria porque las mujeres hoy, aunque en virtud de una mejor formación respecto del pasado, son los pilares de las comunidades parroquiales, pero a menudo sufren de la mentalidad clerical de los pastores. El acceso que han tenido a la educación superior constituye un hecho cultural de enorme importancia, que ya no justifica más que se les relegue a roles marginales y se les deje aparte en los procesos de toma de decisiones. La vitalidad de una Iglesia sinodal en América Latina dependerá de la conversión cultural, que supone la promoción auténtica y urgente de las mujeres en el continente”.
Al final de su intervención, Ouellet recuerda que no se debe descuidar a los jóvenes: “la Iglesia necesita su entusiasmo, sus intuiciones de fe, tal y como escribe Francisco en la Exhortación Apostólica Christus vivit”.
Por otro lado, la Asamblea General del CELAM aprobó la elección de una comisión de ocho obispos que junto a la Presidencia trabajarán en la reestructuración pastoral de sus departamentos.
Según la determinación de la Asamblea por cada región se eligieron dos obispos que se encargarán de plantear las líneas de acción que permitan responder a las necesidades pastorales específicas.
Este grupo de obispos completa el equipo de directivos del organismo de comunión eclesial:
– Monseñor Angel Garachana Pérez, obispo de San Pedro Sula – Honduras, presidente de la Conferencia Episcopal de Honduras.
– Monseñor Leopoldo González González, obispo de Acapulco, Guerrero, México.
– Monseñor Norbert Klemens Strotmann Hoppe, obispo de Chosica – Perú.
– Monseñor Jesús de Zárate Salas, arzobispo de Cumaná – Venezuela.
– Monseñor Carlos María Collazzi Irázabal, obispo de Mercedes – Uruguay.
– Monseñor Santiago Jaime Silva Retamales, obispo castrense de Chile.
– Monseñor Rubén Antonio González Medina CMF, obispo de Ponce – Puerto Rico.
– Monseñor José Dolores Grullón Estrella, obispo de San Juan de la Maguana -República Dominicana.
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