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El religioso venezolano lamenta la situación de su país
El prepósito general de la Compañía de Jesús, el venezolano Arturo Sosa, que dirige desde 2016 una de las órdenes religiosas de la Iglesia católica y a la que pertenece el papa Francisco, expresó este pasado jueves en Roma su «dolor» por la situación de Venezuela, se mostró crítico con el arresto de presos políticos en sus cárceles y alegó que estas son usadas «como instrumento de la política» del Gobierno venezolano.
«El Gobierno está ahí por la fuerza, no por el consenso de la población», dijo el religioso venezolano, que remarcó sentir «dolor» por la situación de su país, donde hay un «crecimiento de la diferencia entre ricos y pobres, con poquísimos ricos y muchísimos pobres».
En una conferencia de prensa con la asociación de periodistas extranjeros en Roma, destacó que hubo «al menos 1.000 detenidos políticos en Venezuela en el último año», y están en unas cárceles donde «no están en mejores condiciones que las prisiones del Salvador», donde lamentó que fueran enviados unos 250 venezolanos deportados por EEUU como parte de las nuevas medidas del Gobierno de Donald Trump.
Sosa, doctor en Ciencias Políticas, agregó que en Venezuela los jesuitas y la Iglesia «están con la gente», y la orden tiene presencia en casi dos centenares de escuelas «que funcionan cada día» y buscan «dar de comer a los estudiantes».
«¿Qué se puede pensar de un Gobierno donde los niños no llegan a escuela porque no tienen nada que comer?», se preguntó el superior general de los jesuitas.
El superior general de la Compañía de Jesús también lamentó el bajo salario de los maestros, y denunció que perciben un sueldo de sólo unos 20 dólares al mes, pese a que en Venezuela «una familia tiene necesidad de 500 dólares al mes».
Asimismo, insistió en que en «la Iglesia no ha estado callada ni tranquila en Venezuela».
«La iglesia no quiere poder político, pero intentamos que la gente participe en la vida política», aunque «ahora los espacios están completamente cerrados», concluyó Sosa.
Sosa reivindicó también el legado y las medidas de apertura hechas por el papa Francisco a lo largo de sus últimos doce años de pontificado.
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