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El obispo español ejerció durante 28 años en San Pedro Sula
El obispo emérito español Ángel Garachana, se despidió este sábado de Honduras después de haber ejercido durante 28 años en San Pedro Sula, la segunda ciudad más importante del país centroamericano, entre aplausos, agradecimientos y pidiéndo un "diálogo social".
"Un diálogo sereno, constructivo, eso es lo que necesitamos en Honduras, yo veo mucha polarización en los partidos, falta de diálogo. Creo que necesitamos un diálogo social, escuchar al otro, acoger su opinión, ver lo que tiene de bueno", dijo Garachana a los periodistas en su despedida en el Estadio Olímpico Metropolitano, de San Pedro Sula, ante miles de católicos.
El religioso, que se define como un hondureño más, y se tomará un corto descanso en su país, regresará este mismo año a San Pedro Sula, donde dice que esperará la muerte "cuando Dios decida".
Garachana, natural de Barbadillo de Herreros (Burgos, España), donde nació el 3 de septiembre de 1944, indicó que después de las elecciones generales de noviembre de 2021 en Honduras, que ganó Xiomara Castro, la primera mujer presidenta del país, esperaba "un avance significativo en el diálogo de todas las fuerzas vivas que querían un cambio".
Agregó que esperaba un diálogo "buscando el bien común de Honduras, el bien sobre todo de más del 50 por ciento de la población que vive en extrema pobreza, con un dólar diario", e hizo un llamamiento "a avanzar significativamente por parte de los políticos responsables del país y en la economía, en un diálogo".
"Siento que no hemos avanzado lo debido en ese diálogo, más bien experimento como una confrontación del partido Libre (Libertad y Refundación, en el poder) y el Partido Nacional", primera fuerza de oposición, enfatizó el obispo emérito.
Garachana recalcó que Honduras necesita que los políticos del país, aunque de diversos signos muy opuestos, se acerquen por medio del diálogo, que su preocupación no sea el interés del partido, no sean los intereses previos que ya tienen, no sea su ideología, sino el bien nacional, de la población, sobre todo la mayoritariamente pobre.
Añadió que no pierde la esperanza de ver una Honduras mejor y que desea, quiere y sueña con "una Honduras renovada, nueva, fundada en el diálogo, en la solidaridad, en la atención prioritaria al pobre, que excluya la violencia, la opresión, la explotación (...) y que no cunda el desánimo".
Las altas autoridades de la iglesia católica hondureña acompañaron a Garachana en su despedida después de servir durante 28 años en San Pedro Sula.
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