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"Comprendemos el sufrimiento y la noche oscura de hermanas y hermanos creyentes"
Con ocasión del encuentro reflexivo pastoral-teológico "La resistencia pacífica de los pueblos como signo del Reino de Dios anunciado por Jesús de Nazaret", agentes de pastoral y teólogas y teólogos de las comunidades de las parroquias de Jutiapa Santa Catarina Mita, Agua Blanca y Asunción Mita, y Amerindia Guatemala, nos hemos reunido del 6 de diciembre al 8 de diciembre para reflexionar sobre la resistencia pacífica de las comunidades de fe y de los pueblos como obligación creyente por la defensa de la Vida a todo nivel.
En este contexto hemos tenido presente el sufrimiento de la Iglesia nicaragüense, a quienes manifestamos que:
1. Nuestra solidaridad en estos momentos de persecución por parte de un régimen dictatorial encabezado por el presidente Daniel Ortega, quien se ha encargado de traicionar el espíritu revolucionario sandinista, y convertido Nicaragua en una nación sin libertad de expresión y de miedo a la resistencia.
2. El número de exiliadas y exiliados, de expulsadas y expulsados del país, de gente que migra huyendo de una realidad de persecución violenta porque se opone a la estructura de opresión del régimen, expresa por sí sola, una realidad grave de estabilidad social y genera indignación y protesta.
3. La Iglesia Católica, en este contexto, es uno de los sectores más afectados y perseguidos: agentes de pastoral, congregaciones de religiosas y religiosos, diáconos, sacerdotes, universidades y obispos han sido encarcelados, expulsados del país, se les han confiscado bienes y han eliminado servicios sociales que ayudaban a la población.
4. El clima de temor generado en la población y los métodos para coartar el poder de reacción del pueblo ha sido extremadamente calculado e implementado a costa de violaciones a los derechos humanos y al derecho del pueblo a disentir frente al autoritarismo estatal y la búsqueda de estabilidad nacional a todo nivel.
Por ello, como hermanas y hermanos en la fe del pueblo nicaragüense, la noche de ayer, cuando “La Gritería” debiera ser alegría en la víspera de la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, comprendemos el sufrimiento y la noche oscura de hermanas y hermanos creyentes y de todo el pueblo nicaragüense, y los exhortamos a:
- Confiar en su fe, en las formas populares de solidaridad, y buscar la manera de resistir, porque tarde o temprano cantarán el cántico de María: “Alaba mi vida la grandeza del Señor y mi Espíritu se alegra en Dios mi Salvador...porque derriba a los poderosos de sus tronos y exalta a los humildes...” (Lc 1,46-56).
- Sentir junto a ustedes nuestros corazones, nuestras oraciones y nuestra denuncia nacional e internacional.
- Organizar la esperanza de mil maneras.
- Contar con nosotras y nosotros en lo posible y necesario.
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