"La vejez es una etapa viva, fecunda y bella en el camino humano"
La satisfacción de ser mayor
2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor
Queridos consagrados y consagradas:
Se aproxima el día 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor, que este año cae en domingo. Es una preciosa fiesta con la que se culmina la celebración de la infancia de Jesús, que la Santa Madre Iglesia ha querido que esté dedicada a la vida consagrada. Del mismo modo que Jesús es presentado en el templo como un don para el Dios altísimo, los consagrados, también, en este día evocan, ante toda la Iglesia, que su vida es una donación al amor de Dios, para que a través de su servicio en medio del mundo, Dios se haga presente en cada lugar de la tierra para quienes le buscan y le necesitan.
Este año habéis elegido un precioso lema: “La vida consagrada con María, esperanza de un mundo sufriente”. Queréis poneros a disposición del Señor en favor del mundo y lo hacéis con María, buscáis que esa presentación vuestra se haga en los brazos de María, como fue la presentación de Jesús. Es evidente que no hay mejor guía ni mejor compañía ni, por supuesto, brazos más cálidos que los de la Santísima Virgen.
Con Ella queréis ofrecerle al mundo una virtud que hoy tanto necesita, aunque pudiera parecer lo contrario; queréis que os lleve en sus brazos Santa María de la esperanza, para ser, justamente, “esperanza de un mundo sufriente”. No os habéis equivocado: elegís bien los brazos en los que ponéis vuestra entrega generosa al Señor y elegís certeramente lo que queréis ofrecerle al mundo. Si hay algo que más nos empobrece y llena nuestra vida de sufrimiento, es no saber hacia dónde va nuestra vida ni cuál es la última verdad y sentido de nuestro destino. Ir con María es ir con quien nos ha dado la Vida Eterna.
Pues bien, queridos y queridas consagradas, cumplo con lo prometido el año pasado: os animo, como pastor de la Diócesis de Jaén, apoyando la invitación que os hará LA CONFER, a que participéis todos y todas cuantos podéis en la Eucaristía que, D.m., celebraremos en la Santa Iglesia Catedral el domingo día 2 de febrero, a las 12 de la mañana.
En unos tiempos en los que la vida consagrada está perdiendo visibilidad por muchas razones, aunque no generosidad y entrega, es bueno que demos, ante el pueblo santo de Dios, testimonio del valor de lo que el Señor ha querido regalarnos, de nuestro carisma particular y de una vocación específica que anda repartida en medio del mundo, con sencillez y sin hacer ruido, como un servicio abnegado y generoso, siempre llevando esperanza a el pueblo más sufriente.
También te puede interesar
"La vejez es una etapa viva, fecunda y bella en el camino humano"
La satisfacción de ser mayor
Carta Pastoral Corpus Christi 2021
"De la Eucaristía a los pobres, de los pobres a la Eucaristía"
"Vosotras lleváis al ser humano en vuestras entrañas"
A las que viven en el corazón de la Trinidad
"Como dijo Jesús, hay más alegría en dar que en recibir"
"Sacerdote con la biografía espiritual de San José"
Lo último
Más allá de la dicotomía entre cuidado y curación.
Dejarse cuidar
Relación histórica y actual entre curar y cuidar.
Curar y cuidar
Sin comunidades alternativas en la periferia no habrá cambios internos. La historia lo demuestra: ninguna estructura se reforma solo por argumentos. Las reformas nacen cuando existen formas de vida creíbles que muestran que otra Iglesia es posible.
Monacato laico: renovar la iglesia dejando atrás una jerarquía enferma